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domingo, 20 de septiembre de 2015

Aburguesando el Dharma: de cómo el 1 % está secuestrando el mindfulness.

por Joshua Eaton (*)

Los manifestantes parecían ansiosos cuando ascendían por la escalera mecánica del Marriott Marquis de San Francisco. Una bolsa de yoga colgada sobre los hombros escondía una pancarta que decía "STOP desalojos en San Francisco". Otro llevaba un megáfono metido en su mochila. Dos llevaban un loto azul hinchable mientras se dirigían a la sala de conferencias.

Estaban allí para protestar en el acto "Tres pasos para construir el estilo Google de Mindfulness Corporativo", un acto especial organizado por Google sobre su programa de mindfulness corporativo, dentro del congreso Wisdom 2.0 2014 (Sabiduría 2.0).  Cuando los conferenciantes comenzaron sus intervenciones, los manifestantes se subieron al escenario, desplegaron sus banderas, y comenzaron a corear: "Sabiduría significa DETENER el desalojo”; “Sabiduría SÍ, Vigilancia NO” y “San Francisco no está en venta".

Este congreso es una reunión anual de coachs, élites tecnológicas y maestros espirituales. Esta es su quinta edición. Se anuncia como un encuentro sobre “la fusión de la sabiduría y de la tecnología", y los temas van desde negocios, liderazgo para iniciativas empresariales hasta la innovación social. Entre los oradores anteriores se encuentran el maestro budista Sharon Salzberg, el fundador de Twitter, Biz Stone, y el presidente de Ruanda (y posible criminal de guerra) Paul Kagame. Incluso tiene su propia página en la revista Forbes.

La ira contra los autobuses de Google, la gentrificación [1] provocada por las élites tecnológicas de San Francisco y la estrecha colaboración de Silicon Valley con la NSA [2] han sido temas candentes, pero la manifestación en Wisdom 2.0 ha sido por otros motivos. No estaba dirigida solo contra la industria tecnológica, sino también contra lo que algunos ven como una deriva elitista en el budismo americano.

"La mayoría de los talleres ofrecen un estilo de vida consumista y están destinados a ayudar a la gente a curarse del dolor, del vacío y de la falta de sostenibilidad asociados al sistema capitalista, y lo hacen sin ofrecer un análisis del origen del malestar”, afirma Amanda Ream, una de las organizadoras de la protesta , en un blog de ​​la revista Tricycle, donde explica por qué interrumpió el congreso. "El congreso presenta la evolución de la conciencia de los más ricos como antídoto contra el sufrimiento,  en vez de señalar la injusta redistribución de la riqueza y el poder como causas del malestar."

El Budismo llegó por primera vez a los EE.UU. con los inmigrantes japoneses y chinos. Disfrutó de un breve período de popularidad entre las élites urbanas alrededor del cambio de siglo, pero la actual ola de popularidad se inició en la década de 1960. Hoy en día hay entre 30 y 50 millones de budistas en los Estados Unidos, alrededor del 70 por ciento de los cuales son de origen asiático. El restante 30 por ciento tienden a ser de color blanco, de mediana edad, alto nivel de educación y clase media alta.

La interacción entre budismo, neuropsicología y movimientos de auto-ayuda también ha lanzado una constelación de publicaciones, gurús, coachs y conferencias que integran el movimiento conocido como mindfulness. Sus defensores tratan de vender el yoga, la atención plena y la meditación como panaceas, básicamente para todo, desde el manejo del estrés, el aumento de la longevidad, para cambiar la situación de las escuelas urbanas más pobres y para el establecimiento de la paz mundial. ¡Todo en el mismo saco!

Las empresas estadounidenses han abrazado el mindfulness como una forma de hacer más efectivo el trabajo sin aumentar la presión arterial, para gran disgusto de gente como Ream, que consideran que el mensaje del budismo es mucho más radical.

Por supuesto, la crítica de Ream no es nada nuevo. El filósofo marxista Slavoj Žižek ha sostenido durante mucho tiempo que el "budismo occidental", como él lo llama, es un paliativo ideal para las tensiones de la vida bajo el capitalismo tardío -su "complemento ideológico perfecto."

"Le permite participar plenamente en el ritmo frenético del juego capitalista alimentando la percepción de que usted  no está realmente en él, de que usted es muy consciente del poco valor de ese triste espectáculo, y  de que lo que realmente le importa a usted es la paz del Ser interior a la que usted sabe que siempre puede retirarse”, explica Zizek en un ensayo publicado en el magazine Cabinet, en 2001.

Como si tratara de demostrar la razón de Žižek, el Dalai Lama -un marxista confeso- participó en un panel titulado "Empresas de moral libre: Perspectivas económicas en Negocios y Política" en el Instituto Americano de la Empresa, menos de una semana después de las protestas en el encuentro Wisdom 2.0. En esa ocasión, el Dalai Lama estuvo acompañado por  Dan Loeb, el fundador de los hedges fund, por el profesor de ética empresarial Jonathan Haidt de la Universidad de Nueva York, por Glenn Hubbard, decano de la  Columbia Business School y por Arthur Brooks, presidente de AEI.

"Ahora, después  de escuchar atentamente ayer y hoy, sobre todo hoy, he desarrollado un mayor respeto hacia el capitalismo", dijo el Dalai Lama después de una pregunta de Brooks sobre la protección de los derechos de propiedad individual. "Según mi impresión, el capitalismo sólo quiere dinero. Y esto quiere decir, explotación". Los otros panelistas fueron menos ambivalentes hablando frecuentemente durante todo el evento de la libertad de empresa como "una bendición", un "milagro" y una "salvación"

En 1955, Mao Zedong le dijo supuestamente al joven Dalai Lama, que entonces sólo contaba 19 años,
  que "la religión era veneno.” Tanto las palabras de Mao como las críticas de Žižek al Budismo tienen sus raíces en la conocida frase de Marx de que “la religión es el opio del pueblo", un producto tóxico que no permite a los trabajadores ver cómo el capitalismo explota su fuerza de trabajo. Pero muchos budistas temen ahora que su religión se esté convirtiendo en una droga de diseño para las élites.

Algunos están luchando contra de esta tendencia. Katie Loncke, de la Buddhist Peace Fellowship, escribió una apasionada defensa de las protestas en la Wisdom 2.0. La publicación budista más importante del país, Trycicle, está cubriendo cada vez más temas sociales y políticos. Y muchos grandes maestros americanos -Bhikkhu Bodhi, Danny Fisher, Justin Whitaker, Shodo Spring y Mushim Ikeda, por nombrar sólo algunos- están trabajando para articular los desafíos budistas ante la injusticia.

Aún así, son pocos y distantes entre sí. La mayoría de los budistas conversos estadounidenses siguen viendo el Budismo como un camino de desarrollo espiritual individual a través de la meditación. Pocos grupos de budistas conversos se centran en la construcción de la comunión y el compañerismo, la participación de las familias o se involucran en su comunidad local. Menos aún lo hacen con regularidad en trabajos de servicio, y mucho menos en el activismo social. En ese entorno, grupos como Buddhist Peace Fellowship y Budhist Global Relief a menudo tienen dificultades para conseguir voluntarios.

"Al igual que en el proceso de aburguesamiento de un barrio, los nuevos ricos desplazan a las personas que han vivido allí desde siempre, escribe Ream,
 en la actualidad, en San Francisco, el Dharma está experimentando un proceso de aburguesamiento parecido."

Instituciones poderosas y bien financiadas quieren invertir en el Budismo. Han estado vigilando el vecindario para gestionar el estrés de los empleados y ponerle una cara más compasiva al libre comercio. La única pregunta es si los actuales vecinos se unirán para pararles los pies. 

(*) Joshua Eaton es un periodista independiente que cubre temas de religión y sociedad, derechos humanos y vigilancia de las masas. Sus trabajos han sido publicados en Al Jazeera América, GlobalPost, DeSmogBlog y en otros lugares.

Traducción de Helena Barquilla y Dokushô Villalba



[1] Se trata de un proceso de transformación urbana en el que la población original de un sector o barrio deteriorado y con elevado nivel de pobreza es progresivamente desplazada por otra de un mayor nivel adquisitivo, al mismo tiempo que tiene lugar una remodelación urbanística del barrio. 
[2] Agencia de Seguridad Nacional, en inglés.
[3] El American Enterprise Institute for Public Policy Research (AEI) es un think tank conservador pro-empresarial muy influyente. Fue fundado en 1943 por Lewis H. Brown. Promueve el avance del capitalismo de libre empresa, y tiene mucho éxito en la colocación de su gente en puestos gubernamentales influyentes. Es la base central para muchos neoconservadores.


sábado, 9 de mayo de 2015

NO, NO SE TRATA DE MC MINDFULNESS



Por Por Barry Boyce (*)

Cuando Mae, el personaje principal de la novela satírica de Dave Eggers 'El Círculo’, ingenuo y novato,  se encuentra frente al campus gigante de Silicon Valley, donde acaba de ser contratado, está encantado de haber conseguido un buen trabajo en una economía difícil. Pronto queda claro, sin embargo, que el lugar de trabajo de Mae está tan insidiosamente controlado que es más como un culto que como una empresa.

La cultura tiene que ver con la conexión, pero las conexiones son forzadas y superficiales. Mae no tiene espacio para examinar sus opciones y darse cuenta es absorbida  por una cultura corporativa donde la gente no cultiva su propia atención. Allí sólo se busca la atención de los otros: mírame, mírame, te gusto, te gusto, comparte conmigo, comparte conmigo.

Se trata de un relato de ficción, pero la preocupación por el exceso de control de los lugares de trabajo es muy real. Volvamos hacia atrás. Las crónicas de los derrumbres de Wall Street escritas por Michael Lewis en  “El gran cortocircuito”  y  “El póker del mentiroso” retratan una cultura de la desconexión. Los administradores del capital del mundo no se preocupan sin duda por los “me gusta” del Facebook. Tomaron riesgos masivos que causaron estragos en las vidas de otros, asumiendo poca responsabilidad por ello. En su opinión, Lewis nos dice que el éxito atañe a los logros individuales, mientras que el fracaso es un problema social.

Representaciones como éstas del control sin control o de la codicia hacen que todos seamos cautelosos respecto a la mala conducta corporativa y algunos comentaristas ahora están preocupados porque  el rápido crecimiento de los programas de atención plena en los lugares de trabajo permitan sencillamente este tipo de excesos. The Economist, por ejemplo, se preocupa de que "el antiguo arte de la meditación" ha sido devaluado y que "el objetivo de la práctica ha desaparecido." Un blog en el Huffington Post advirtió de los peligros del Mc Mindfulness.

Ciertamente, la atención plena puede ser simplificada: “se trata sólo de estar presente”; o vendida como una panacea:”unos pocos minutos al día van a cambiar totalmente su vida”, pero no tiene por qué ser así. Se puede lograr un cambio real en el trabajo. Permitirá la disminución de los malos comportamientos y la promoción de las buenas conductas.

Un factor clave es la persona que enseña Mindfulness. Al igual que los profesores de cualquier disciplina -desde Pilates hasta el violín, pasando por la extinción de incendios- mindfulness necesita entrenamiento y práctica continuos. Como proveedores de cuidados para la salud necesitan un código que debe incluir que la atención plena verdadera debe  comenzar en el alivio del estrés, pero no tiene que terminar allí. Como es natural la práctica conduce  a la curiosidad acerca de nuestras propias mentes y a la reflexión de cómo estamos conectados con otras personas, de las causas y efectos de nuestras acciones. Los buenos maestros mindfulness motivan  a usar el poder de su mente -estabilizada través de la meditación-  a mirar dentro de sí, fuera y alrededor.

Practicar la atención, por tanto, no es sólo un asunto de salud. Se trata también de nuestras acciones y nuestro desempeño. Mindfulness ha demostrado que mejora nuestra creatividad y amabilidad. Los líderes tocados por la atención plena puede encontrar innovaciones para resolver problemas reales y ayudar a tener una vida mejor. ¿Quién sabe lo que un líder -en los lugares de trabajo desde la Ford Motors hasta el Departamento de Bomberos de Los Ángeles- podría hacer para un bien mayor con un poco de Mindfulness?

Muchas compañías ofrecen asesoramiento, porque la gente es su activo más valioso. Y se ayuda a los que se convierten en personas más saludables y también en  mejores padres y esposos. Pero los profesores de mindfulness deben ser independientes. Cruzan una línea si creen que su misión es aconsejar a los empleados a que sigan las directrices de las empresas.  

La gente que enseña atención plena dentro de las empresas necesitan tener un fuerte grado de independencia. Si están allí, incluso sutilmente, utilizando la atención plena como un medio para engatusar y controlar  o simplemente para construir enfoque en lugar de ayudar a la gente a ver sus propias decisiones con claridad, entonces no es Mindfulness lo que se está enseñando.

(*) Editor jefe de la revista Mindful. En este artículo apareció en la edición de diciembre 2014 de la revista www.mindful.org

Traducción de Jesús David Zarza con revisión de Dokushó 

martes, 27 de enero de 2015

Más allá del McMindfulness

Más Allá del McMindfulness, por Ron Purser y David Loy

De repente, la meditación mindfulness se ha convertido en un fenómeno de masas, abriéndose camino hacia escuelas, empresas, prisiones y agencias del gobiernos incluyendo el ejército americano. Millones de personas están recibiendo beneficios tangibles de su práctica de mindfulness: menos estrés, mejor concentración, quizá un poco más de empatía. No es necesario decir que esto es un gran avance que debe ser bienvenido, pero que tiene una sombra.

La revolución del mindfulness parece ofrecer una panacea universal para resolver casi todas las áreas de las preocupaciones diarias. Libros recientes sobre el tema incluyen: Padres mindfulness, Comer (de forma) mindfulness, Política mindfulness, Terapia mindfulness, Liderazgo mindfulness, Una nación mindfulness, Recuperación mindfulness, El poder del aprendizaje mindfulness, El cerebro mindfulness, El camino del mindfulness a través de la depresión, El camino del mindfulness hacia la autocompasión. Casi diariamente, los medios citan estudios científicos que informan los numerosos beneficios para la salud de la meditación mindfulness y cómo una práctica sencilla puede producir cambios neurológicos en el cerebro.

La popularidad creciente del movimiento mindfulness también se ha convertido en una lucrativa industria artesanal. Los consultores promueven la formación en mindfulness prometiendo que mejorará la eficiencia laboral, reducirán el absentismo e incrementarán las habilidades sociales cruciales para el éxito laboral. Algunos incluso afirman que la formación mindfulness pueden actuar como una “tecnología disruptiva”, reformando uncluso las compañías más disfuncionales en organizaciones más amables, compasivas y sostenibles. Hasta el momento, no obstante, no se han publicado estudios empíricos que sostengan dichas afirmaciones.

En sus esfuerzos de promoción, los partidarios de la formación mindfulness habitualmente incluyen en el prólogo que sus programas  están “inspirados en el budismo“. Hay un cierto caché a la hora de decir a los neófitos que el mindfulness es un legado del budismo, una tradición famosa por su antiguedad y sus métodos de meditación probados. Pero, al mismo tiempo, los consultores a menudo aseguran a sus patrocinadores corporativos que su particular marca de mindfulness ha retirado todos los lazos y afiliaciones con los orígenes budistas.

Desligar el mindfulness de su contexto ético y religioso del budismo es un movimiento comprensible para hacer dicha formación como un producto viable en el mercado. Pero la urgencia para secularizar y acomodar el mindfulness a una técnica de mercado puede llevar a una desafortunada desnaturalización de esta antigua práctica, cuyo objetivo es mucho más que aliviar una jaqueca, reducir la presión sanguínea o ayudar a los directivos a estar más centrados y ser más productivos.

Generar una técnica más simplificada y secularizada (lo que algunos críticos empiezan a llamar “McMindfulness“) puede volverla más apetecible al mundo empresarial, pero esta descontextualización del mindfulness de su propósito original de liberación y transmisión de ética social tiene algo de “negocio fáustico“. En lugar de aplicar mindfulness como una forma de despertar a personas y organizaciones de las malsanas raíces de la avaricia, aversión y la ignorancia, habitualmente se moderniza hacia técnicas banales, terapéuticas y de auto-ayuda que en verdad refuerzan esas raíces.

La mayor parte de las opiniones científicas y populares que circulan por los medios han retratado el mindfulness en términos de reducción de estrés y mejora de la atención. Los beneficios de estas habilidades son una herencia sine qua non del mindfulness y es su mayor atractivo para las empresas actuales. Pero el mindfulness, entendido y practicado dentro de la tradición budista, no es meramente una técnica éticamente neutra para reducir el estres y aumentar la concentración. En su lugar, el mindfulness es una cualidad distintiva de la atención que depende y se ve influida por muchos otros factores: la naturaleza de nuestros pensamientos, acciones y palabras, nuestra forma de ganarnos la vida y nuestros esfuerzos para evitar comportamientos poco saludables y desarrollar otros comportamientos que propicien acciones sabias, harmonía social y compasión.

Los budistas diferencian entre el mindfulness correcto (samma sati) y mindfulness incorrecto (miccha sati). La distinción no es moral; la cuestión es si la calidad de la consciencia se caracteriza por tener las intenciones saludables y cualidades mentales positivas que lleven a la prosperidad y al bienestar a los demás y a uno mismo.

De acuerdo con el Canon Pali (las primeras enseñanzas registradas del Buda), incluso una persona que cometa un crimen premeditado y cruel puede estar practicando mindfulness, el mindfulness incorrecto. Claramente, la atención “mindful” y la concentración de un terrorista, un francotirador o un criminal de guante blanco no es la misma cualidad de mindfulness que el Dalai Lama y otros adeptos del budismo han desarrollado. El Mindfulness Correcto está guiado por intenciones y motivaciones que se basan en la contención, estados mentales correctos y conductas éticas, objetivos que incluyen pero superan la reducción del estrés y el incremento de la concentración.

Otro malentendido común es que la meditación mindfulness es un asunto privado e interno. A menudo se comercializa el mindfulness como un método para la autorrealización personal, como una forma de aplazar los problemas y tribulaciones del sofocante mundo laboral. Dicha orientación individualista y consumista hacia la práctica de mindfulness puede ser efectiva para la autoconservación y el desarrollo personal, pero es esencialmente inútil para mitigar las causas del sufrimiento colectivo y empresarial.

Cuando la práctica del mindfulness se paquetiza de esta forma, la interconexión de los motivos personales se pierde. Hay una disociación entre la transformación personal de cada uno y el tipo de transformación social y organizacional que tiene en cuenta las causas y condiciones del sufrimiento en un entorno más amplio. Esta colonización del mindfulness también tiene un efecto de instrumentalización, reorientando la práctica hacia las necesidades del mercado en lugar de una reflexión crítica de las causas de nuestro sufrimiento colectivo o “dukkha social“.

El Buda enfatizó que sus enseñanzas trataban sobre la comprensión y cesación de dukkha (sufrimiento en el sentido más amplio). Así pues, ¿qué ocurre con el dukkha generado por cómo funcionan las instituciones?

Muchos defensores del mundo empresarial argumentan que el cambio transformador comienza en uno mismo. Si la mente de cada uno pudiera estar más centrada y en paz, entonces la transformación social y empresarial vendría después. El problema con esta formulación es que las tres motivaciones que el budismo señala (avaricia, odio e ignorancia) hoy por hoy no están confinadas a las mentes individuales sino que se han institucionalizado en fuerzas más allá del control personal.

Hasta el momento actual, el movimiento del mindfulness ha evitado cualquier consideración seria de por qué el estrés es tan generalizado en las modernas instituciones empresariales. En su lugar, las empresas se han subido a la moda del mindfulness porque desplaza, de manera muy conveniente, la carga de la responsabilidad al individuo: el estrés se encuadra dentro de un problema personal y el mindfulness se ofrece como la medicina correcta que ayuda al empleado a trabajar de manera más calmada y eficiente dentro de un entorno tóxico. Envuelto en un aura de cuidado y humanidad, el mindfulness se pone de moda como una válvula de escape, una manera de liberar la tensión, una técnica para afrontar y adaptarse al estrés del mundo laboral.

El resultado es una versión atomizada y altamente privatizada de la práctica de mindfulness, que se ha confinado en lo que Jeremy Carrette y Richard King (en su libro “Vendiendo Espiritualidad; la conquista silenciosa de la religión“) describen como una orientación acomodaticia. La formación en Mindfulness resulta atractiva porque es un método de moda para suavizar el disconfort de los empleados, promoviendo una aceptación tácita del status quo y un instrumento para mantener la atención centrada en los objetivos empresariales.

En muchos aspectos, la formación del mindfulness en las empresas (con su promesa de que empleados más calmados y menos estresados serán más productivos) tiene muchas similitudes con el movimiento, actualmente desacreditado, de las “relaciones humanas” , populares en las décadas de 1950 y 1960. Esos programas de formación fueron criticados por su uso manipulador de las técnicas de asesoramiento como las de “escucha activa”, establecidas como un método de pacificar a los empleados haciéndoles sentir que se oían sus preocupaciones aunque las condiciones laborales permanecían inalteradas. Esos métodos terminaron siendo conocidos como “Cow psychology”  porque las vacas (Cow en inglés) dóciles producen más leche.

Bhikkhu Bodhi, un monje budista occidental ha advertido: “Ausentes de critica social aguda, las prácticas budistas pueden ser fácilmente utilizadas para justificar y estabilizar el estatus quo, convirtiéndose en un refuerzo del capitalismo consumista“. Desafortunadamente, un punto de vista del mindfulness más ético y socialmente responsable se percibe hoy como una preocupación secundaria, o como una politización innecesaria del viaje personal de auto-realización.

Uno tiene la esperanza de que el movimiento del mindfulness no siga el camino habitual de la mayoría de modas empresariales – entusiasmo desenfrenado, aceptación sin crítica del status quo y desilusión final. Para convertirse en una fuerza genuina para la transformación positiva personal y social, debe reclamar un marco ético y aspirar a propósitos más nobles que tengan en cuenta el bienestar de todos los seres vivos.

Professor of Management, San Francisco State University

Zen Teacher

Fuente:

viernes, 4 de abril de 2014

Mindfulness como negocio lucrativo

La creciente popularidad del movimiento mindfulness lo ha convertido en una industria lucrativa. Los asesores en consultorías de negocios promueven el entrenamiento mindfulness asegurando que mejora la eficiencia en el trabajo, reduce el absentismo y desarrolla las "habilidades blandas", que son cruciales para el éxito profesional. Algunos incluso afirman que el entrenamiento en mindfulness puede actuar como una "tecnología disruptiva", reformando las empresas más disfuncionales en organizaciones más amables, más compasivos y sostenibles. Hasta ahora, sin embargo, no hay estudios empíricos publicados que respalden estas afirmaciones.

En sus esfuerzos por proteger la marca, los defensores del entrenamiento mindfulness anuncian sus programas como “inspirados en el Budismo”. Da un cierto cachet y una actitud hipness el decir a los neófitos que el mindfulness es un legado del budismo"  - una tradición famosa por su antigüedad y cuyos métodos de meditación han sido probados durante mucho tiempo. Pero, a veces, en la misma frase, los consultores aseguran a menudo a sus patrocinadores corporativos que su marca particular de mindfulness ha renunciado a sus orígenes budistas.

El desacoplamiento del mindfulness de su contexto ético y religioso budista  es comprensible cuando lo que se quiere hacer es convertir tal práctica en un producto viable en el mercado global. Pero la prisa por secularizar y mercantilizar el mindfulness en una técnica comercial está lamentablemente desnaturalizando esta antigua práctica, que fue diseñado para mucho más que para aliviar un dolor de cabeza, reducir la presión arterial, o ayudar a los ejecutivos a estar mejor centrados y ser más productivos.

Ron Purser

Atención Plena y marco ético

“Para llegar a ser una fuerza real de una transformación positiva, tanto personal como social, la práctica de la atención plena debe reclamar un marco ético y aspirar a fines más elevados, en los que sea tenido en cuenta el bienestar de todos los seres vivientes”.