sábado, 16 de mayo de 2015

LA CONSTRUCCIÓN DE LA ATENCIÓN PLENA_1

Primera parte

por Andrew Olendzki (*)


Se analizará la atención plena utilizando el sistema de clasificación de fenómenos (dharmas) del Abhidhamma, tal como se encuentra en la obra en pali Abhidhammattha-sangaha. En este modelo los factores mentales que constituyen el agregado de formaciones (sankhāra) se agrupan para describir una visión por capas de la práctica del desarrollo mental. Así, todos los estados mentales involucran cierto conjunto de factores mentales, mientras que otros más van siendo añadidos según se avanza en el entrenamiento mental. También existen configuraciones saludables y insalubres, y la atención plena resulta ser un estado bastante avanzado de experiencia construída saludable. La sabiduría, el primer factor transformador en el pensamiento y práctica budista, emerge solo bajo condiciones especiales. El sistema se contrasta entonces con los distintos análisis de fenómenos presentados en el Abhidharmakosa sánscrito, donde tanto la atención plena como la sabiduría se cuentan entre los factores universales, lo cual provee la base para un modelo innatista de desarrollo, que es discutido desde una perspectiva constructivista.


Uno de los aspectos más llamativos de la expansiva y duradera tradición budista es el sofisticado modelo de la mente y el cuerpo presentes en los Nikayas del Canon Pali y sistematizados tanto en la literatura del Abhidhamma pali del sur de Asia como en el Abhidharma de Noroeste de India y regiones ulteriores. El Buda histórico es seguramente la fuente de la mayor parte de estas ideas, aunque fueron significativamente desarrolladas por muchos otros a lo largo del tiempo y este conocimiento adquirido fue siendo recogido por las nuevas comunidades. El análisis exhaustivo de la descripción de la experiencia ofrecido en estas enseñanzas es de particular interés para los pensadores modernos, tanto por sus fundamentos empíricos como por su destacada afinidad con el pensamiento postmoderno. Enraizado en las antiguas prácticas meditativas yóguicas y articulado con gran precisión intelectual, ofrecen una dinámica visión de la experiencia orientada a procesos, como una serie de eventos cognitivos interdependientes que aparecen y desaparecen a cada momento según los sentidos encuentran información proveniente del ambiente y la mente construye un mundo de significados para interpretar esta información y responder a ella tanto emocionalmente como con el comportamiento. Además, este sistema de pensamiento va más allá de la mera descripción para ofrecer una guía práctica para un óptimo bienestar, lo que se consigue superando las compulsiones habituales derivadas del reflejo placer/dolor y desarrollando un mayor entendimiento práctico de la naturaleza de la experiencia humana.

Este antiguo conocimiento acerca de cómo la mente y el cuerpo construyen la experiencia, y cómo una persona puede usar este conocimiento para alcanzar una mayor salud y felicidad, se encuentra en el corazón de la tradición budista primitiva, pero fue pronto sobrepasada y relegada a un segundo plano escolástico y meditativo cuando el budismo tomó direcciones más populares, devocionales y sincréticas culturalmente. Está siendo paulatinamente redescubierta por la generación actual de estudiosos y profesores, y es de especial interés para aquellos especialistas de ramas contemporáneas en el estudio de la experiencia humana y para los que tienen interés en aumentar el bienestar humano. Entre éstos están los científicos cognitivos y los psicólogos, y muchos otros que se solapan entre estas disciplinas. El pensamiento budista primitivo emplea un preciso vocabulario técnico que puede ser útil para identificar y esclarecer la maraña de la experiencia subjetiva. También ofrece un examen detallado de los mecanismos de la atención, que pueden ayudar a lograr una mejor definición de la atención plena y estados mentales relacionados, e incluso apuntar un modo de medir niveles de mayor o menor atención. De particular valor para las labores terapéuticas es la orientación básica de estas enseñanzas hacia la transformación y el alivio del sufrimiento, en tanto que evalúa el progreso a lo largo de una escala que va desde la pesadumbre hasta un profundo bienestar bajo cualquier circunstancia.

Lo que más caracteriza el modelo de mente y cuerpo expresado en la literatura budista primitiva es la descomposición de la experiencia en sus constituyentes fenomenológicos básicos, llamados dharmas, y a partir de ahí la organización y clasificación de estos dharmas de varias maneras para clarificar su definición y describir su función como parte de un complejo sistema interdependiente. Lo mismo que el mundo natural se ve de una cierta manera a determinado nivel de escala y de otra forma cuando se examina con más detalle, el pensamiento budista identifica así la manera en que la experiencia vivida a nivel macro difiere significativamente de sus procesos constituyentes cuando se examinan más detalladamente con una mente enfocada. Por ejemplo, puede ser relativamente fácil ver, tanto experiencialmente como neurológicamente, que lo que parece ser un flujo ininterrumpido de experiencia coherente es en realidad un serie de eventos sensoriales y mentales que aparecen y desaparecen en rápida sucesión, mientras que el sentido de continuidad y coherencia narrativa es algo proporcionado por un nivel más ato de capacidades imaginativas. En el corazón de la perspicacia del Buda está la discrepancia entre lo que parece ser, caracterizado por confusión e incluso ignorancia y lo que realmente es, conocido como sabiduría.

Una característica central de este modelo, que no aparece en los modelos correspondientes de la psicología occidental, es la caracterización evaluativa de varios dharmas como sano o insano. El término para esta cualidad (kusala/akusala en pali) puede ser traducido mejor como saludable o insalubre, puesto que no traza un estándar moral ni una definición normativa sobre o que está bien o mal sino que presenta una descripción de los factores que contribuyen o entorpecen el fruto del bienestar, la reducción del sufrimiento y la capacidad de entendimiento. El término también tiene el sentido de hábil o inhábil, lo que significa que la práctica budista de la moralidad (sila) es considerada una habilidad que puede ser aprendida y, al mismo tiempo, pone de relieve que incluso el mal comportamiento más atroz no es fruto de una naturaleza perversa sino evidencia de una falta de entendimiento o de habilidad. La centralidad de esta evaluación ética revela hasta qué punto todo este sistema, desde su origen Nikāya y su extensión Abhidhamma, se considera un medio para efectuar una transformación psicológica personal más que un ejercicio intelectual o la imposición de una doctrina.

Otra parte importante de este sistema es la distinción entre el objeto de la conciencia por un lado y la actitud o implicación emocional con respecto a ese objeto por otro. Lo que es discernido por la conciencia es una cosa; cómo es discernido, es decir, con qué cualidad de la mente es discernido, es algo diferente. Así, muchos de los dharmas enumerados en el sistema Abhidhamma corresponden a lo que podemos denominar en otro contexto actitudes emocionales, y esto es importante para entender cómo es considerada la meditación en el budismo primitivo. Parte del entrenamiento meditativo tiene que ver con aprender a enfocar la mente en un objeto en particular o en una serie de objetos emergentes, pero la mayoría del entrenamiento tiene que ver más con cultivar estados concretos de la mente por medio de los cuales ese objeto es observado. La tecnología del darse cuenta tiene que ver con cómo el agregado de conciencia (viññāna) interactúa con el agregado de forma material (rūpa) según se manifiesta en los órganos sensoriales del cuerpo y los objetos sensoriales del entorno; pero el desarrollo de la atención plena y el discernimiento es más un asunto de cómo el agregado de formaciones (sankhāra) surge conjuntamente con los otros agregados. Esto debería resultar más claro cuando examinemos los detalles de cómo se construye la experiencia.

La construcción de la experiencia

La conciencia emerge y se desvanece a cada momento porque es un proceso o evento que ocurre, más que algo que exista de ninguna forma estable e identificable. Se caracteriza solo por “conocer” y esto solo puede aparecer en relación con un objeto que es conocido y un órgano por medio del cual el objeto es conocido. Enumeramos seis clases o modalidades de conciencia, las cuales se corresponden con los cinco órganos sensoriales (ojo, oído, nariz, lengua y cuerpo) y la mente como la sexta, así como los cincos objetos sensoriales (formas, sonidos, olores, sabores y contactos) con los pensamientos como el sexto. El punto de partida o fundamento de toda la experiencia es así un episodio de cognición de uno u otro de estos seis modos, que ocurren una y otra vez en una serie temporal, a la que generalmente nos referimos como “flujo de conciencia”. Desde el momento en que la conciencia se manifiesta en dependencia de los órganos y objetos que están cambiando constantemente, la conciencia en sí es permanentemente “movediza, tambaleante, impermanente, cambiante y fluctuante” como señala un pasaje[1]. Más aún, la conciencia no aporta ninguna otra característica más que el mero darse cuenta o percepción de un objeto, así que todas las texturas y cualidades de la experiencia son proporcionadas por otras funciones mentales que surgen en varias combinaciones. Un recuento detallado de cualquier momento dado de experiencia consiste entonces en identificar primero cuál de los seis modos de conciencia se está manifestando (esto es, en dependencia a qué pareja de órganos y objetos sensoriales) y segundo, qué dharmas asociados o factores constituyentes están apareciendo conjuntamente con la conciencia para dar forma a la experiencia en su conjunto. El método para describir los estados mentales de esta manera se describe en los Nikayas y se refina enormemente en la literatura Abhidhamma.

Más que realizar un análisis sistemático de este método, que nos llevaría demasiado tiempo, nos centraremos en un aspecto en particular de este mapa de los dharmas, uno que puede ser de ayuda para entender la definición y función de la atención plena. Tiene que ver con el agrupamiento de dharmas en varias categorías, describiendo aquellas que surgen y desaparecen conjuntamente en cualquier momento dado de conciencia. De acuerdo con el análisis del Abhidhamma resumido en el Abhidhammatthasangaha[2], siete factores mentales surgen juntos en todos los estados de conciencia y por eso son llamados universales; otros seis pueden estar presentes o no en cualquier momento concreto y son llamados ocasionales. Además de estos dos grupos, otros 39 estados mentales se clasifican como saludables o insalubres,  pero nunca surgirá uno de un grupo conjuntamente con uno del otro, son mutuamente excluyentes. Por último, estos 39 estados son también divididos en 4 insalubres universales, 10 insalubres ocasionales, 19 saludables universales y 6 saludables ocasionales. Tenemos así, considerados conjuntamente, 6 diferentes agrupaciones de factores mentales que co-emergen con la conciencia para ayudar a dar forma y textura a la actitud o emoción con la que un objeto es reconocido por la conciencia. El panorama completo de configuraciones individuales es mucho más complejo, pero esos 6 grupos básicos configuran un modelo de estratificación por capas de la experiencia mental, para entendernos, en 6 niveles generales de funcionamiento mental, y son estos 6 niveles los que nos pueden ayudar a comprender cómo la experiencia puede ser vista como una construcción sobre sí misma para describir una escala de menor a mayor consciencia de la conciencia.

  1. Los universales
La manifestación más sencilla de la mente se caracteriza por los factores mentales universales inherentes en todo momento de conciencia. No es posible, de acuerdo al Abhidhamma, que la conciencia se manifieste  con menos de siete factores mentales, pero bien puede surgir y desvanecerse con nada más que esos siete. Así, incluso las formas más austeras de conciencia incluyen las funciones mentales de:

1.    contacto entre la conciencia, el objeto y el órgano;
2.    un sentimiento que puede ser agradable, desagradable o indiferente;
3.    una percepción del objeto como algo categorizado simbólicamente de acuerdo a las experiencias anteriores;
4.    una volición o respuesta intencional al objeto, lo cual produce karma;
5.    cierto grado de unidireccionalidad o foco sobre únicamente un objeto en cada momento;
6.    una calidad cohesiva de vitalidad mental que sustenta y da soporte al funcionamiento interdependiente de los siete factores mentales universales;
7.    y una función de atención que dirige los factores asociados hacia el objeto como un timón orienta un barco.

El hecho de que estos dharmas estén siempre presentes significa que deben describir incluso los estados mentales más irreflexivos. Estamos entonces permanentemente prestando atención, incluso cuando no nos damos cuenta de que lo estamos haciendo o incluso si estamos prestando atención a un objeto diferente de aquél al que nos gustaría estar prestándosela. De modo semejante, la mente está siempre enfocada sobre un objeto en particular, incluso en mentes totalmente sin entrenar, aunque el objeto sobre el que están enfocadas cambie de momento a momento. Si no fuéramos capaces de ese nivel mínimo de foco y atención, la experiencia mental coherente probablemente no sería posible.

  1. Los ocasionales

Además de esos siete factores mentales, se enumeran otros seis estados que pueden aparecer o no, individualmente o en conjunto. Éstos son:

1.    pensamiento aplicado, por medio del cual uno pone deliberadamente atención sobre un objeto a lo largo de numerosos momentos mentales;
2.    decisión, un estado de confianza e implicación intencionada con el objeto;
3.    energía, un factor que mantiene y apoya a los otros proporcionando interés adicional;
4.    alegría, una cualidad de entusiasmo vibrante;
5.    e impulso para actuar, un deseo de actuar que no está basado en la avidez ni el apego pero que no obstante incita a que la mente inicie la acción apropiada.

Estos son los factores que se promueven cuando entrenamos la mente con la meditación, ya que este entrenamiento requiere dirigir conscientemente la atención y mantenerla de forma estable sobre el objeto elegido, como puede ser la respiración. La estabilidad del foco provoca decisión, requiere energía, y a menudo deriva en alegría, y el impulso permite que el meditador cambie la atención de una parte del cuerpo a otra,  hacia el bienestar de todas las criaturas arriba, abajo y alrededor, de modo tal que no incite al deseo o a la compulsión. Estos factores pueden no estar presentes en todo momento desde que uno se sienta a meditar hasta que suena el cuenco una hora más tarde, lo mismo que un jugador de béisbol está en juego incluso cuando está sentado en el banquillo o está de pie alrededor del campo de juego, pero en la medida en que el entrenamiento mental deliberado es siempre eficaz, puede que por un solo momento, alguna combinación de estos factores interviene.

  1. Los insalubres universales
La cuestión acerca de los factores ocasionales recién mencionada es que son éticamente variables, lo que significa que pueden operar en estados mentales saludables  o insanos. Todos los momentos de la mente insanos añadirán cuatro factores más:

1.     ignorancia, definida como no entendimiento de algunas verdades básicas sobre la experiencia, como son la impermanencia, altruismo y las causas del sufrimiento;
2.     inquietud, un estado de agitación que ondea la mente como el viento la superficie del mar; 
3.     suspensión de la conciencia, mantener momentáneamente inoperativo el sentido innato de auto-respeto que nos previene de cometer actos seriamente nocivos;
4.     suspensión del respeto, corte del sentido innato de respeto por los derechos y opiniones de otros que también restringen su comportamiento para mantenerse dentro de normas socialmente definidas.

Éste es el conjunto mínimo de factores mentales que surgirán en la mente durante cualquier momento de mala acción, conjuntamente por supuesto con los siete universales. En el caso de lo universales es todo o nada: cuando la ignorancia está presente los otros tres también lo estarán necesariamente. Un punto interesante de este análisis es que la agitación siempre es insana, sugiriendo que cualquier práctica que promueva relajarse y calmarse es inherentemente sana, teniendo en cuenta que esto llevará naturalmente a la eliminación de su factor co-emergente ignorancia, y así purgará ese instante de sus más nocivas toxinas y lo librará de su insalubridad. Otro punto de interés es la sugerencia de que la conciencia y la función de respeto funcionan como una especie de sistema inmune ético innato, protegiendo a los individuos y la sociedad de comportamientos ofensivos, pero que éste es suprimido en los momentos de mal comportamiento.

  1. Los ocasionales insalubres
Mientras que la ignorancia [o confusión] se puede manifestar de forma tan simple como para involucrar solo los cuatro factores insalubres universales, más a menudo lo hace conjuntamente con avidez o aversión, las otras dos toxinas. Aunque la videz y la aversión son realmente expresiones opuestas de un mismo impulso, llamado deseo. La avidez es el deseo de querer o gustar o permanecer apegado a algo que es placentero o gratificante, mientras que la aversión es el deseo de no querer, no gustar o en cualquier caso ignorar o destruir aquello que provoca displacer o se identifica con dolor. Así, la avidez y la aversión son mutuamente excluyentes y no puede surgir conjuntamente en un mismo instante mental. Uno puede estar confuso y ávido, confuso y asqueado, o simplemente confuso, pero no puede estar lleno de avidez y rechazo al mismo tiempo. Cuando éste parece ser el caso, el modelo Abhidhamma asegura, que los dos están simplemente alternándose en rápida sucesión, con la ilusión de simultaneidad construida en niveles más altos de organización mental. Otros factores insalubres que pueden surgir con la ignorancia y los otros universales incluyen: visión incorrecta, soberbia, envidia, avaricia, preocupación, pereza, sopor y duda. Una forma de ver estos estados es como matices de color formados a partir de los tres colores primarios ignorancia, avidez y aversión.

Desde el punto de vista de la práctica meditativa, no hay mucha diferencia entre los dos grupos de factores insalubres universales y ocasionales, ambos son un obstáculo para la serenidad y claridad mental. Incluyen, por ejemplo, la clásica lista de los cinco obstáculos (1. deseo sensorial, 2. enfado, 3. agitación y remordimientos, 4. pereza y sopor, 5. duda), factores mentales que deben ser temporalmente abandonados para que la mente alcance el nivel de entrada de concentración, y empiece el proceso de atenuación de la consciencia conocido como absorción (jhāna).

Para nuestro propósito es suficiente decir que poco progreso hacia la transformación puede ocurrir mientras cualquier estado insalubre esté surgiendo en la experiencia, y aprender cómo abandonar tales estados es una parte fundamental del camino. Por ejemplo, mientras que es importante ser capaz de darse cuenta del surgimiento y desaparición de todos los estados mentales, darse cuenta del enojo (una forma suave del rechazo, disgusto por lo que está pasando) con una actitud de enojo solo reforzará la cualidad del enojo. Del  mismo modo: evitar, reprimir o en cualquier caso rechazar el enojo solo asegurará que vuelva más tarde con mayor urgencia e intensidad. El camino del medio entre aceptar y rechazar la experiencia de enojo es darse cuenta de él, verlo como el factor insalubre que es, y amablemente soltarse de él. Todos los estados insalubres necesitan ser neutralizados de la misma forma, y solo proliferarán si se dan conjuntamente con otros estados insalubres.

  1. Los universales saludables
En total hay 19 factores mentales que surgen conjuntamente en cualquier momento mental saludable, y éstos comprenden una lista notable. La atención plena es uno de ellos, que es considerado como una actitud particular o postura emocional hacia el objeto de atención. Uno conoce un objeto con una cualidad de la atención forjada por la atención plena, que es lo mismo que decir con presencia de la mente, esmero y con cierta estabilidad de foco. Como un factor saludable universal, la atención plena está libre de agitación, confusión y todos los demás estados insalubres, y no puede surgir conjuntamente con ellos en el mismo momento. Es también un estado mental que surge más allá y por encima de otros niveles básicos de atención, intención y concentración enfocada, y éstos emergen más allá y por encima de factores que ayudan a entrenar la mente, tales como poner y mantener la atención sobre un objeto elegido conscientemente y energizar o provocar alegría.

Los factores que confluyen con la atención plena bajo cualquier circunstancia también ayudan a definir y refinar cómo funciona la mente. La no-avidez y el no-rechazo ayudan a clarificar que la atención plena no favorece ni se opone al objeto, sino que más bien expresa una actitud de ecuanimidad. Aquí es donde las definiciones modernas de atención plena toman el sentido de no juzgar al objeto sino de tomarlo tal y como es. Conjuntamente con la atención plena surgen los guardianes gemelos de conciencia y respeto, los cuales quedaban en suspenso en los estados insalubres, así como confianza y fe, construidos sobre una confianza básica que viene de la dispersión de los tóxicos.

Estos seis factores aparecen con la atención plena se juntan con otros seis que también pueden tomarse en sentido doble de poder aplicarse a la conciencia en sí como a los factores mentales asociados: tranquilidad, claridad, maleabilidad, manejabilidad, competencia y rectitud. Todas pueden ser vistas como cualidades de la atención plena, configurando la actitud con la que el objeto será reconocido por la conciencia cuando sea objeto de atención plena, más que meramente un objeto de la atención. Todos estos 19 factores universales saludables aparecerán y desaparecerán como grupo, no solo cuando se practica interiorizadamente la meditación formalmente sino en cualquier momento en que uno tenga un pensamiento saludable, obre una acción saludable, o enuncie una palabra saludable. De ese modo, la atención plena es un estado mental ordinario que puede aparecer frecuentemente, aunque la meditación con atención plena involucre su cultivo deliberado en un serie continua de instantes mentales.

  1. Los ocasionales saludables.

El último conjunto de factores a considerar son aquéllos que  se construyen sobre los factores saludables universales. Hay seis que solo pueden surgir si los anteriores 19 están presentes pero pueden aparecer o no conjuntamente o unos con otros. Tres de éstos son elementos del óctuple sendero, llamados palabra correcta, acción correcta y modo de vida correcto. Es algo difícil sintetizar cómo actúan como factores mentales, puesto que parecen describir patrones de comportamiento más que estados psicológicos, pero son descritos como presentes en la mente en todo momento en que uno deliberadamente se abstiene de comportarse mal de una de esas tres formas. Los dos siguientes son compasión y alegría apreciativa, dos de los cuatro brahma-vihāras o estados ilimitados de la mente (los otros dos son el amor compasivo y la ecuanimidad, los dos de la lista de universales saludables) Esto significa que uno puede estar simplemente presente [plenamente atento], un estado que incluye una actitud benevolente y apacible hacia un objeto, o uno puede estar presente con compasión o incluso alegría apreciativa, lo que le añade algo a la atención plena. La compasión le añade una respuesta empática al sufrimiento, mientras que la alegría apreciativa le añade una respuesta empática a la buena suerte o la felicidad. Y finalmente, uno puede además añadir sabiduría como uno de los factores saludables ocasionales. Sabiduría en el pensamiento budista es una cualidad del entendimiento de la naturaleza de la experiencia, de ver claramente la impermanencia, interdependencia, e impersonalidad de todo, así como ver el origen y el fin del sufrimiento según se manifiesta momento a momento en la experiencia. Solo cuando el factor sabiduría aparece surge realmente la introspección meditativa, porque mientras que la atención plena puede considerar un objeto con objetividad equilibrada, su comprensión es lo que resulta definitivamente  transformador. Como se dice en forma de metáfora, lo mismo que un segador agarra un puñado de cebada con una mano y lo siega con la otra, así uno abarca la mente con la atención y la libera de sus impurezas con la sabiduría.[3]


(continúa)

(*) Andrew Olendzki, académico budista, profesor y escritor

Este artículo fue publicado originalmente en Contemporary Buddhism, Vol. 12, No. 1, Mayo 2011.

Traducción al castellano de Hugo Villar, revisada por Dokushó Villalba.

REFERENCIAS

BODHI, BHIKKHU. 1993. A comprehensive manual of Abhidhamma. Pariyatti. Seattle.
DUNNE, J. 2011. Toward an understanding of non-dual mindfulness. Contemporary Buddhism 12: 71-88.
OLENDZKI, A. 2010. Unlimiting mind: The radically experiential psychology of Buddhism. Bston, MA: Wisdom.
PRUDEN, L. 1991. Abhidharmakośabhāsyam. Traducción al inglés de Louis de la Vallée Pussin. Berkeley, CA: Asian Humanities Press.






[1] Samyutta Nikāya 35:93
[2] Bodhi (1993) En lo que sigue, la tentación de enumerar cada uno de los términos técnicos junto con su correspondientes en pali y sánscrito es sustituido por solamente el inglés. Ver Bodhi (1993) para el Pali y Pruden (1991) para el Sánscrito. Ver también Olendzki (2010, 163 y ss.)
[3] Milindapañho 2:1,8

sábado, 9 de mayo de 2015

NO, NO SE TRATA DE MC MINDFULNESS



Por Por Barry Boyce (*)

Cuando Mae, el personaje principal de la novela satírica de Dave Eggers 'El Círculo’, ingenuo y novato,  se encuentra frente al campus gigante de Silicon Valley, donde acaba de ser contratado, está encantado de haber conseguido un buen trabajo en una economía difícil. Pronto queda claro, sin embargo, que el lugar de trabajo de Mae está tan insidiosamente controlado que es más como un culto que como una empresa.

La cultura tiene que ver con la conexión, pero las conexiones son forzadas y superficiales. Mae no tiene espacio para examinar sus opciones y darse cuenta es absorbida  por una cultura corporativa donde la gente no cultiva su propia atención. Allí sólo se busca la atención de los otros: mírame, mírame, te gusto, te gusto, comparte conmigo, comparte conmigo.

Se trata de un relato de ficción, pero la preocupación por el exceso de control de los lugares de trabajo es muy real. Volvamos hacia atrás. Las crónicas de los derrumbres de Wall Street escritas por Michael Lewis en  “El gran cortocircuito”  y  “El póker del mentiroso” retratan una cultura de la desconexión. Los administradores del capital del mundo no se preocupan sin duda por los “me gusta” del Facebook. Tomaron riesgos masivos que causaron estragos en las vidas de otros, asumiendo poca responsabilidad por ello. En su opinión, Lewis nos dice que el éxito atañe a los logros individuales, mientras que el fracaso es un problema social.

Representaciones como éstas del control sin control o de la codicia hacen que todos seamos cautelosos respecto a la mala conducta corporativa y algunos comentaristas ahora están preocupados porque  el rápido crecimiento de los programas de atención plena en los lugares de trabajo permitan sencillamente este tipo de excesos. The Economist, por ejemplo, se preocupa de que "el antiguo arte de la meditación" ha sido devaluado y que "el objetivo de la práctica ha desaparecido." Un blog en el Huffington Post advirtió de los peligros del Mc Mindfulness.

Ciertamente, la atención plena puede ser simplificada: “se trata sólo de estar presente”; o vendida como una panacea:”unos pocos minutos al día van a cambiar totalmente su vida”, pero no tiene por qué ser así. Se puede lograr un cambio real en el trabajo. Permitirá la disminución de los malos comportamientos y la promoción de las buenas conductas.

Un factor clave es la persona que enseña Mindfulness. Al igual que los profesores de cualquier disciplina -desde Pilates hasta el violín, pasando por la extinción de incendios- mindfulness necesita entrenamiento y práctica continuos. Como proveedores de cuidados para la salud necesitan un código que debe incluir que la atención plena verdadera debe  comenzar en el alivio del estrés, pero no tiene que terminar allí. Como es natural la práctica conduce  a la curiosidad acerca de nuestras propias mentes y a la reflexión de cómo estamos conectados con otras personas, de las causas y efectos de nuestras acciones. Los buenos maestros mindfulness motivan  a usar el poder de su mente -estabilizada través de la meditación-  a mirar dentro de sí, fuera y alrededor.

Practicar la atención, por tanto, no es sólo un asunto de salud. Se trata también de nuestras acciones y nuestro desempeño. Mindfulness ha demostrado que mejora nuestra creatividad y amabilidad. Los líderes tocados por la atención plena puede encontrar innovaciones para resolver problemas reales y ayudar a tener una vida mejor. ¿Quién sabe lo que un líder -en los lugares de trabajo desde la Ford Motors hasta el Departamento de Bomberos de Los Ángeles- podría hacer para un bien mayor con un poco de Mindfulness?

Muchas compañías ofrecen asesoramiento, porque la gente es su activo más valioso. Y se ayuda a los que se convierten en personas más saludables y también en  mejores padres y esposos. Pero los profesores de mindfulness deben ser independientes. Cruzan una línea si creen que su misión es aconsejar a los empleados a que sigan las directrices de las empresas.  

La gente que enseña atención plena dentro de las empresas necesitan tener un fuerte grado de independencia. Si están allí, incluso sutilmente, utilizando la atención plena como un medio para engatusar y controlar  o simplemente para construir enfoque en lugar de ayudar a la gente a ver sus propias decisiones con claridad, entonces no es Mindfulness lo que se está enseñando.

(*) Editor jefe de la revista Mindful. En este artículo apareció en la edición de diciembre 2014 de la revista www.mindful.org

Traducción de Jesús David Zarza con revisión de Dokushó 

viernes, 1 de mayo de 2015

EL ENTURBIADO SIGNIFICADO DE MINDFULNESS

Una palabra, aunque sea brillante, curiosamente oriental y reforzada por la ciencia, no puede arreglar la condición humana. Y eso es lo que el mindfulness comercial puede haber perdido con respecto a los principios budistas más rigurosos a los que ha querido reemplazar: la implicación que del sufrimiento no se puede escapar, sino que debe ser enfrentado. De ese cambio en el sentido -en la occidentalización de sati- debemos ser especialmente conscientes.

por Virginia Heffernan (*)

Cada nueva expresión estilística lleva consigo alguna evidencia de trauma gramatical. Consideremos “creador de opinión”, “selfie” o “impactante”. Llegan con notas de cinismo y artificialidad. Pero de cuando en cuando aparece una brillante excepción a esta disparatada rutina. Una palabra novata hace su estreno en primera división y un estadio lleno de pedantes se prepara para mezclarla con tomates y con nada. La nueva palabra parece, sólo, pasablemente patética. Enloquecidamente, tiene influencia.

Mindfulness puede ser una nueva palabra influyente, una que no puede ser rechazada por trivial o por propagandista. Sí, esta palabra es habitual entre los ejecutivos “mandíbulas apretadas” de las 500 empresas de la revista Fortune que toman pastillas para dormir y cuentan entrenadores en liderazgo, así como una seriedad adinerada, que compran en Whole Foods[1] donde la revista Minful[2] se encuentra en las estanterías, junto a otras que explican la carpintería o el medio ambiente. Parece que no es más que un nombre - mindful, la actitud adecuada ante las paradas del metro de Londres -pero Mindfulness tiene unos orígenes más exóticos. A finales del siglo XIX, en pleno auge del Imperio Británico y orientalismo victoriano, un magistrado británico en Galle, Ceilán (hoy Sri Lanka), con el increíble nombre  de Thomas William Rhys Davids, fue encargado de juzgar la legalidad de algunas controversias eclesiásticas budistas. Se dedicó a aprender pali, una lengua medo-indo-aria y el idioma litúrgico del budismo theravada, una de las más antiguas ramas del budismo. En 1881, utilizó "mindfulness" - un sinónimo de "atención" desde 1530 -como traducción aproximada del concepto budista de  “sati”.

La traducción fue inexacta. “Sati”, que los budistas consideran el primero de los siete factores de la iluminación, significa, más acertadamente “la memoria del presente”, algo que no tiene ni rastro en el inglés tenso y preocupado. El término “Mindfulness”  quedó vinculado erróneamente -y de forma sutil se echó la culpa de ello al pali- a la preocupación victoriana e incluso a la obediencia (¡¡¡Cuida tus modales!!!).

Sin embargo, “Mindfulness” se convirtió finalmente, cien años más tarde, en una marca americana, en la época del ‘ser-aquí-ahora’, cuando las exploraciones de Oriente de los años 60 confluyeron con las técnicas de auto-ayuda.  En la década de 1970, Jon Kabat-Zinn, un biólogo molecular en Nueva Inglaterra y un meditador desde hace mucho tiempo en la tradición budista zen, vio en la palabra de Rhys Davids una oportunidad para limpiar la meditación de sus orígenes religiosos. Kabat-Zinn creía que muchas de las personas seculares que podrían obtener mayor beneficio de la meditación no lo estaban haciendo  debido a los aromas a reencarnación y a esoterismo religioso que emanaba de ella. Así que ideó una definición nueva y agradable de la "atención plena", que ahora ya no se refiere a la iluminación: "La conciencia que surge cuando se presta atención intencional al momento presente, sin juzgar"

Al amparo de esta palabra inocua, la meditación budista abría un camino hacia una audiencia secular interesada por el crecimiento personal y las estrategias de éxito. La idea de que la gente pueda superar deficiencias psicológicas y fisiológicas con pensamientos reconfortantes, autoinducidos ya se había llamado por otros nombres: pensamiento positivo, movimiento de recuperación, auto-ayuda. En su mordaz crítica de 1992 a esta idea: "Estoy disfuncional. Estás disfuncional," Wendy Kaminer podría haber estado describiendo la difusión de la atención plena como una especie de método taquigráfico para la mejora,  cuando hablaba acerca de cómo escribir un libro de auto-ayuda : "Un conjunto de lugares comunes sobre el pensamiento positivo, la oración o la terapia de afirmación como seguras, como técnicas científicas”.

En los años que siguieron, Kabat-Zinn público una serie de libros sobre la atención que, efectivamente, aparecieron como autoayuda erudita, sobre todo, en 1994, "Dondequiera que vayas, ahí estás: Meditación de Atención Plena en la vida cotidiana." Libros actuales de Kabat -Zinn y decenas de otros con la palabra "Meditación” proponen la atención plena como fármaco para una heterogénea cantidad de enfermedades modernas. Volúmenes recientes en el mismo género incluyen títulos como "Trabajo Consciente", "El Camino consciente a través de la depresión", "Parto consciente”, "Movimientos conscientes", "El Niño Consciente", "El adolescente Consciente", "La comida consciente" y "El camino consciente a través de estrés". En estos libros, mindfulness ha llegado a comprender una vertiginosa gama de significados para las audiencias populares. Es un marco íntimamente atento de la mente. Es un marco relajado de la mente alerta. Es ecuanimidad. Es una forma de meditación budista rigurosa llamada vipassana ("insight o darse cuenta"), o una forma de otro tipo de meditación budista conocido como anapanasati ("conciencia de la respiración"). Es MBSR (reducción del estrés basado en la atención plena). Es detenerse a oler las rosas sólo un poco. Y por último, es una tendencia, un estilo de vida, un movimiento social y, -como publicó en portada la revista Time el año pasado-, una revolución.

Si se trata de una revolución, no es una revolución popular. Aunque los maestros mindfulness enseñan regularmente la práctica en grupos privados en los Estados Unidos y en otros países, lo que hace poderoso al mindfulness en sí mismo, es la exigencia de una delicada idea de promesas concretas de una vida más larga y una mayor productividad. En enero, durante el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, Kabat-Zinn dirigió a  ejecutivos y "1 percenters"[3] una meditación de atención plena con la  intención de promover el bienestar general. Muchos  trajeados pasaron tiempo lejos de los paneles del bitcoin y de la ciberseguridad para  respirar juntos y asistir a una sesión  llamada: The Human Brain: Mindfulness Deconstructing, (El cerebro humano, deconstruyendo el Mindfulness) dirigido por Thomas R. Insel, director del Instituto Nacional de Salud Mental .

"Hay un programa de entrenamiento de la atención que es muy lógico y muy tranquilo, quieto, y hemos comenzado el proceso con este equipo", anunció Phil Jackson[4], el presidente de los Knicks de Nueva York, el año pasado. Cuando a Amar'e Stoudemire, un pívot importante del equipo, se le preguntó si pensaba que el entrenamiento en mindfulness le ayudaría, respondió: "Ayudará, sin duda. Simplemente te mantiene enfocado en la tarea que tienes entre manos. Te mantiene en sintonía".

Mindfulness como "mantenerse en sintonía" suena bonito. Sin embargo, es “el estar enfocado en la tarea presente” lo que  atrae a los directivos, como Jackson, que son conscientes de los objetivos de rendimiento. ¿Podría la atención en el lugar de trabajo - en el cubículo o en la cancha- ser sólo otra manera de mantener a los empleados sin distracciones y de que trabajen más duro más que un sistema de recompensas etéreas? En este contexto de mejora del rendimiento, "atención plena" parece peligrosamente cercano a otras canciones del mismo libro de juegos repleto de  afirmaciones cursis tales como ‘niños interiores’ y ‘tableros de la visión’.

Tal vez la palabra "atención plena" es como el Emblema Prius[5], una insignia de la iluminación, del consumismo autosatisfecho,  del éxito y del logro. Si es así, no practicar la atención plena -tomar pastillas o siestas para la ansiedad, por ejemplo, o ir a la iglesia o a cócteles- te hace parecer una especie de retrógrado o alguien carente de clase. Lo mismo que conducir un Hummer.

Como es habitual con las palabras de moda e ideológicamente cargadas, ésta también ha llegado a informar de las prescripciones más nobles para criar a los hijos. Evidentemente, ya no sólo cabe esperar que vigilen sus modales. Lo  que se espera en cambio es educar sus estados emocionales. Recientemente, Hanna Rosin, en Slate, argumentó que la crianza consciente podría ser un caballo de Troya: Aunque la madre consciente afirma estar abierta de mente a todas las  acciones y a la comunicación con su hijo, en verdad termina por aceptar solo el lado hippie del niño, el lado pacifista -su parte preferida.

En el ejemplo de Rosin, una madre supuestamente consciente de la capacidad de su hijo para la violencia y que no obstante no se queda tranquila  hasta que da una explicación comprensiva, pacífica de esa tendencia -que él estaba herido y que reaccionó de forma exagerada. "Yo estaba loco y él tenía que venir", que podría ser la propia explicación del  propio muchacho, no funciona. "Atención consciente" de la madre, en lugar de representar la libertad de juicio, es una manipulación.

Es profundamente tentador tachar como hipócrita cualquier palabra común relacionada con Davos, con la NBA y con el complejo de culpa en la maternidad. ¿Qué podría ser lo próximo? Poner un halo de  neurociencia alrededor de un sinónimo para ambas partes,  los superiores ("productividad") y los empleados ("relajación") -para asegurar una fuerza de trabajo más dócil y un C-suite[6] más próspero- también parece retorcido. Una palabra, aunque sea brillante, curiosamente oriental y reforzada por la ciencia, no puede arreglar la condición humana. Y eso es lo que el mindfulness comercial puede haber perdido con respecto a los principios budistas más rigurosos a los que ha querido reemplazar: la implicación que del sufrimiento no se puede escapar, sino que debe ser enfrentado. De ese cambio en el sentido -en la occidentalización de sati- debemos ser especialmente conscientes.

(*) Publicado por New York Times Magazine, el 19 de abril 2015.
 Traducción al español de Jesús David Zarza, revisada por Dokushô Villalba.




[1] Cadena de Supermercados Naturista. http://www.wholefoodsmarket.com/
[3] 1 percenters. Se denomina así en USA al 1% de personas que poseen el mayor porcentaje  de riqueza del país (en 2014 poseían el 47%). En España existe un fenómeno similar, pero desconozco si tienen un nombre concreto.
[4] Phill Jackson fue jugador de la NBA y ganó dos títulos. como entrenador, ha ganado once títulos. ha sido entrenados de Chicago Bulls y de L.A Lakers. Su apodo es “Master Zen”.
[5] Un coche de Toyota
[6] C-suite: en las empresas norteamericanas los 10 principales puestos de trabajo dentro de ellas empieza por la letra C de chief . Por ejemplo, el Consejero Delegado en España es un Chief Executive Office or CEO en USA.

martes, 27 de enero de 2015

Más allá del McMindfulness

Más Allá del McMindfulness, por Ron Purser y David Loy

De repente, la meditación mindfulness se ha convertido en un fenómeno de masas, abriéndose camino hacia escuelas, empresas, prisiones y agencias del gobiernos incluyendo el ejército americano. Millones de personas están recibiendo beneficios tangibles de su práctica de mindfulness: menos estrés, mejor concentración, quizá un poco más de empatía. No es necesario decir que esto es un gran avance que debe ser bienvenido, pero que tiene una sombra.

La revolución del mindfulness parece ofrecer una panacea universal para resolver casi todas las áreas de las preocupaciones diarias. Libros recientes sobre el tema incluyen: Padres mindfulness, Comer (de forma) mindfulness, Política mindfulness, Terapia mindfulness, Liderazgo mindfulness, Una nación mindfulness, Recuperación mindfulness, El poder del aprendizaje mindfulness, El cerebro mindfulness, El camino del mindfulness a través de la depresión, El camino del mindfulness hacia la autocompasión. Casi diariamente, los medios citan estudios científicos que informan los numerosos beneficios para la salud de la meditación mindfulness y cómo una práctica sencilla puede producir cambios neurológicos en el cerebro.

La popularidad creciente del movimiento mindfulness también se ha convertido en una lucrativa industria artesanal. Los consultores promueven la formación en mindfulness prometiendo que mejorará la eficiencia laboral, reducirán el absentismo e incrementarán las habilidades sociales cruciales para el éxito laboral. Algunos incluso afirman que la formación mindfulness pueden actuar como una “tecnología disruptiva”, reformando uncluso las compañías más disfuncionales en organizaciones más amables, compasivas y sostenibles. Hasta el momento, no obstante, no se han publicado estudios empíricos que sostengan dichas afirmaciones.

En sus esfuerzos de promoción, los partidarios de la formación mindfulness habitualmente incluyen en el prólogo que sus programas  están “inspirados en el budismo“. Hay un cierto caché a la hora de decir a los neófitos que el mindfulness es un legado del budismo, una tradición famosa por su antiguedad y sus métodos de meditación probados. Pero, al mismo tiempo, los consultores a menudo aseguran a sus patrocinadores corporativos que su particular marca de mindfulness ha retirado todos los lazos y afiliaciones con los orígenes budistas.

Desligar el mindfulness de su contexto ético y religioso del budismo es un movimiento comprensible para hacer dicha formación como un producto viable en el mercado. Pero la urgencia para secularizar y acomodar el mindfulness a una técnica de mercado puede llevar a una desafortunada desnaturalización de esta antigua práctica, cuyo objetivo es mucho más que aliviar una jaqueca, reducir la presión sanguínea o ayudar a los directivos a estar más centrados y ser más productivos.

Generar una técnica más simplificada y secularizada (lo que algunos críticos empiezan a llamar “McMindfulness“) puede volverla más apetecible al mundo empresarial, pero esta descontextualización del mindfulness de su propósito original de liberación y transmisión de ética social tiene algo de “negocio fáustico“. En lugar de aplicar mindfulness como una forma de despertar a personas y organizaciones de las malsanas raíces de la avaricia, aversión y la ignorancia, habitualmente se moderniza hacia técnicas banales, terapéuticas y de auto-ayuda que en verdad refuerzan esas raíces.

La mayor parte de las opiniones científicas y populares que circulan por los medios han retratado el mindfulness en términos de reducción de estrés y mejora de la atención. Los beneficios de estas habilidades son una herencia sine qua non del mindfulness y es su mayor atractivo para las empresas actuales. Pero el mindfulness, entendido y practicado dentro de la tradición budista, no es meramente una técnica éticamente neutra para reducir el estres y aumentar la concentración. En su lugar, el mindfulness es una cualidad distintiva de la atención que depende y se ve influida por muchos otros factores: la naturaleza de nuestros pensamientos, acciones y palabras, nuestra forma de ganarnos la vida y nuestros esfuerzos para evitar comportamientos poco saludables y desarrollar otros comportamientos que propicien acciones sabias, harmonía social y compasión.

Los budistas diferencian entre el mindfulness correcto (samma sati) y mindfulness incorrecto (miccha sati). La distinción no es moral; la cuestión es si la calidad de la consciencia se caracteriza por tener las intenciones saludables y cualidades mentales positivas que lleven a la prosperidad y al bienestar a los demás y a uno mismo.

De acuerdo con el Canon Pali (las primeras enseñanzas registradas del Buda), incluso una persona que cometa un crimen premeditado y cruel puede estar practicando mindfulness, el mindfulness incorrecto. Claramente, la atención “mindful” y la concentración de un terrorista, un francotirador o un criminal de guante blanco no es la misma cualidad de mindfulness que el Dalai Lama y otros adeptos del budismo han desarrollado. El Mindfulness Correcto está guiado por intenciones y motivaciones que se basan en la contención, estados mentales correctos y conductas éticas, objetivos que incluyen pero superan la reducción del estrés y el incremento de la concentración.

Otro malentendido común es que la meditación mindfulness es un asunto privado e interno. A menudo se comercializa el mindfulness como un método para la autorrealización personal, como una forma de aplazar los problemas y tribulaciones del sofocante mundo laboral. Dicha orientación individualista y consumista hacia la práctica de mindfulness puede ser efectiva para la autoconservación y el desarrollo personal, pero es esencialmente inútil para mitigar las causas del sufrimiento colectivo y empresarial.

Cuando la práctica del mindfulness se paquetiza de esta forma, la interconexión de los motivos personales se pierde. Hay una disociación entre la transformación personal de cada uno y el tipo de transformación social y organizacional que tiene en cuenta las causas y condiciones del sufrimiento en un entorno más amplio. Esta colonización del mindfulness también tiene un efecto de instrumentalización, reorientando la práctica hacia las necesidades del mercado en lugar de una reflexión crítica de las causas de nuestro sufrimiento colectivo o “dukkha social“.

El Buda enfatizó que sus enseñanzas trataban sobre la comprensión y cesación de dukkha (sufrimiento en el sentido más amplio). Así pues, ¿qué ocurre con el dukkha generado por cómo funcionan las instituciones?

Muchos defensores del mundo empresarial argumentan que el cambio transformador comienza en uno mismo. Si la mente de cada uno pudiera estar más centrada y en paz, entonces la transformación social y empresarial vendría después. El problema con esta formulación es que las tres motivaciones que el budismo señala (avaricia, odio e ignorancia) hoy por hoy no están confinadas a las mentes individuales sino que se han institucionalizado en fuerzas más allá del control personal.

Hasta el momento actual, el movimiento del mindfulness ha evitado cualquier consideración seria de por qué el estrés es tan generalizado en las modernas instituciones empresariales. En su lugar, las empresas se han subido a la moda del mindfulness porque desplaza, de manera muy conveniente, la carga de la responsabilidad al individuo: el estrés se encuadra dentro de un problema personal y el mindfulness se ofrece como la medicina correcta que ayuda al empleado a trabajar de manera más calmada y eficiente dentro de un entorno tóxico. Envuelto en un aura de cuidado y humanidad, el mindfulness se pone de moda como una válvula de escape, una manera de liberar la tensión, una técnica para afrontar y adaptarse al estrés del mundo laboral.

El resultado es una versión atomizada y altamente privatizada de la práctica de mindfulness, que se ha confinado en lo que Jeremy Carrette y Richard King (en su libro “Vendiendo Espiritualidad; la conquista silenciosa de la religión“) describen como una orientación acomodaticia. La formación en Mindfulness resulta atractiva porque es un método de moda para suavizar el disconfort de los empleados, promoviendo una aceptación tácita del status quo y un instrumento para mantener la atención centrada en los objetivos empresariales.

En muchos aspectos, la formación del mindfulness en las empresas (con su promesa de que empleados más calmados y menos estresados serán más productivos) tiene muchas similitudes con el movimiento, actualmente desacreditado, de las “relaciones humanas” , populares en las décadas de 1950 y 1960. Esos programas de formación fueron criticados por su uso manipulador de las técnicas de asesoramiento como las de “escucha activa”, establecidas como un método de pacificar a los empleados haciéndoles sentir que se oían sus preocupaciones aunque las condiciones laborales permanecían inalteradas. Esos métodos terminaron siendo conocidos como “Cow psychology”  porque las vacas (Cow en inglés) dóciles producen más leche.

Bhikkhu Bodhi, un monje budista occidental ha advertido: “Ausentes de critica social aguda, las prácticas budistas pueden ser fácilmente utilizadas para justificar y estabilizar el estatus quo, convirtiéndose en un refuerzo del capitalismo consumista“. Desafortunadamente, un punto de vista del mindfulness más ético y socialmente responsable se percibe hoy como una preocupación secundaria, o como una politización innecesaria del viaje personal de auto-realización.

Uno tiene la esperanza de que el movimiento del mindfulness no siga el camino habitual de la mayoría de modas empresariales – entusiasmo desenfrenado, aceptación sin crítica del status quo y desilusión final. Para convertirse en una fuerza genuina para la transformación positiva personal y social, debe reclamar un marco ético y aspirar a propósitos más nobles que tengan en cuenta el bienestar de todos los seres vivos.

Professor of Management, San Francisco State University

Zen Teacher

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