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jueves, 5 de noviembre de 2015

Comparación con neuroimagen de los cerebros de meditadores Zen y no meditadores

En 2013, la Comunidad Budista Soto Zen y el monasterio Zen Luz Serena colaboró en una investigación científica sobre los efectos de la meditación zen en el cerebro. Los resultados fueron publicados en la revista científica Plos One.

Este articulo compara mediante técnicas de neuroimagen (resonancia magnética nuclear) el cerebro de meditadores Zen de larga duración (mas de 10 años con una media de una hora de meditación al día) con personas sanas de la misma edad y sexo que no meditan. 

Se confirma que los meditadores Zen presentan niveles de glutamato, el principal neurotransmisor excitatorio del sistema nervioso central, significativamente más bajos que la población normal. Esto podría explicar los menores niveles de depresión, dolor y mejor capacidad de atención, memoria y concentración que se observa en meditadores. El título original del artículo es Brain changes in long-term zen meditators using proton magnetic resonance spectroscopy and diffusion tensor imaging: a controlled study” ("Cambios cerebrales en los meditadores Zen a largo plazo utilizando espectroscopia de protones por resonancia magnética e imagen de tensor de difusión: un estudio controlado.”

Sus autores Fayed N, Lopez Del Hoyo Y, Andres E, Serrano-Blanco A., Bellón J, Aguilar K, Cebolla A, Garcia-Campayo J. Se publicó en la revista PLoS One en 2013.


Descargar el artículo completo aquí.

martes, 3 de noviembre de 2015

LA COMPASION EN EL PAISAJE DEL SUFRIMIENTO


LA COMPASIÓN EN EL PAISAJE DEL SUFRIMIENTO

por Christina Feldman y Willem Kuyken

En este artículo trataremos sobre la compasión y el papel que desempeña en los  enfoques basados en el mindfulness. La compasión es una orientación  de la mente que reconoce el sufrimiento y la universalidad del sufrimiento en la experiencia humana, y la capacidad para afrontarlo con bondad, empatía, ecuanimidad y paciencia. Subrayamos que el aprender a afrontar el sufrimiento con compasión forma parte de cómo la gente puede vivir con condiciones crónicas recurrentes como la depresión. Mientras que muchos de los enfoques basados en el mindfulness no enseñan explícitamente la compasión, nosotros describimos de qué forma la estructura del programa y los profesores permiten a los participantes cultivar la compasión en el paisaje del sufrimiento. Describimos un ejemplo de un caso de cómo este proceso se desplegó para una persona a través de la terapia cognitiva basada en el mindfulness.

Dawn ha sufrido numerosos episodios de depresión en su vida. Cada nuevo episodio parece tener vida propia y ella usa esta analogía: “Es como si estuviera siendo arrastrada hacia y por encima de las cataratas del Niágara”. Para ella esta analogía resume el sentido de inevitabilidad, desamparo y horror de cada depresión recurrente.
Dawn describe un punto decisivo en su recuperación:

“Me fui dando cuenta gradualmente de que cuando juzgaba cómo me estaba sintiendo, añadía más sufrimiento a la situación. En lugar de preguntarme ¿por qué no me puedo levantar? y contestarme “Porque soy una fracasada”, llegué a ver que mi letargia y pensamiento negativo eran parte de la depresión y que tardaría tiempo en remontarla. Esto me proporciono un destello de esperanza que pude empezar a cultivar. Estaba casi bien estar deprimida y empecé a cuidarme a mi misma de diferentes formas. En lugar de luchar contra la depresión, empecé a ser amable conmigo misma. Mirando atrás, creo que fueron los primeros pasos que di para salir de la depresión”.
Dawn, 48 años

¿QUÉ ES LA COMPASIÓN?

En las enseñanzas tradicionales de la tradición budista, la compasión es definida como “el corazón que se estremece ante el sufrimiento”. A veces se ha traducido como “el corazón que puede estremecerse ante el sufrimiento”. Es la más noble cualidad del corazón humano a la que se puede aspirar, la motivación que subyace a todos los caminos meditativos de sanación y liberación.

La compasión es una respuesta al sufrimiento, la inevitable adversidad a la que todos los seres humanos han de enfrentarse en su vida, si bien lo que debilita la mente es el dolor enraizado en el envejecimiento, la enfermedad y la muerte o las aflicciones psicológicas y emocionales. La compasión reside en saber que no todo dolor puede ser “arreglado” o “solucionado” pero que todo sufrimiento se puede abordar mejor desde la perspectiva de la compasión.

La compasión es una respuesta al dolor, a la pena y a la angustia que incluye muchas texturas. Incluye bondad, empatía, generosidad y aceptación. Los hilos del coraje, la aceptación y la ecuanimidad están implicados, a partes iguales, en la confección del vestido de la compasión. Sobre todo, la compasión es la capacidad para abrirse a la realidad del sufrimiento y aspirar a su sanación. El Dalai Lama dijo “si quieres saber lo que es la compasión, mira en los ojos de un padre o de una madre que acunan a su hijo enfermo y con fiebre”.

Mientras que las concepciones budistas de la compasión se remontan a hace más de 2.500 años, los psicólogos han empezado sólo recientemente a considerar  el papel de la compasión y su rol en el sufrimiento y la resiliencia. Paul Gilbert considera la compasión como una capacidad psicológica evolucionada que es parte del sistema de “ofrecer cuidados” de los seres humanos. La compasión incrementa nuestra habilidad para cuidar a nuestros niños y jóvenes, y, en este sentido, es innata. Este autor define la compasión de una forma amplia e incluye en la misma aspectos de cuidado, calma, simpatia, empatía y no-juicio. Su concepción lleva implícita una teoría que integra las bases biológicas de la conducta humana, la evolución y el vínculo humano. Un reciente artículo también argumenta que la compasión ha evolucionado para ayudar a los grupos sociales a proteger a sus miembros más débiles y a aquellos que sufren (Goetz, keltner and Simon-Thomas, 2010). Es muy interesante ver que el trabajo de Gilbert sobre la compasión se ha desarrollado en parte como una respuesta a sus trabajos anteriores sobre la depresión, y a su visión sobre el papel integral que la autocrítica, la vergüenza y la impotencia tienen en la depresión.

Una definición alternativa ha sido ofrecida por Kristin Neff en la que articula tres componentes de la auto-compasión: auto-amabilidad, humanidad compartida y atención plena (mindfulness). Su trabajo tuvo como motivación el tratar de describir una actitud saludable hacía uno mismo que fuera más alla de las nociones simplistas de la autoestima. Ella describe la auto-amabilidad como “ser amable y entenderse a uno mismo en situaciones de dolor o fracaso”, la humanidad compartida como “el percibir la propia experiencia como parte de la más amplia experiencia humana” y el mindfulness como “sostener pensamientos y sentimientos dolorosos con una conciencia equilibrada”. Argumenta que estas cualidades son intrínsecas a un sano sentido del yo y que, en conjunto, permiten a una persona manejar sus emociones ante las dificultades.

Nosotros ofrecemos la siguiente definición de la compasión: “la compasión es una orientación mental que reconoce el dolor y la universalidad del dolor en la experiencia humana, y la capacidad de abordar el dolor con bondad, empatía, ecuanimidad y paciencia. Mientras que la auto-compasión se orienta hacía nuestra propia experiencia, la compasión amplia su orientación a la experiencia de los otros”.

La importancia de la compasión en el proceso de sanación

La compasión permite la sanación. Como seres humanos -comprensiblemente- nos disgusta y nos da miedo el dolor. Instintivamente tendemos a echarnos atrás y a volvernos ansiosos frente a una aflicción física o mental. Hay solo un pequeño paso desde estos patrones habituales de evitación hasta los patrones de vergüenza, aversión, juicio y agitación. Es la segunda capa del sufrimiento que se superpone a la primera. El efecto de este capa de reacción es que magnifica la realidad del dolor y de la aflicción, y que desencadena más sufrimiento emocional en forma de  desesperación, depresión y desamparo. Este circuito cerrado de reactividad se convierte en un circuito auto-mantenido que bloquea cualquier posibilidad de afrontar el sufrimiento con coraje y compasión.

Nuestra propia experiencia del miedo y del dolor así como las investigaciones en el campo de la psicología, nos dicen que la compasión es tan importante para nuestro bienestar emocional como la alimentación para nuestro cuerpo. En épocas de gran aflicción en nuestra vida somos conmovidos sobre todo por la compasión. La compasión nos ofrece una alternativa vital frente al rechazo y al miedo. Es lo que nos permite enfrentar el miedo y el dolor y no huir de ellos, y nos posibilita abordar el sufrimiento con bondad y curiosidad en lugar de con vergüenza o culpa.

El miedo y el rechazo rompen nuestra relación con todo. La compasión es el principio de nuestra amistad con aquello que previamente habíamos rechazado. Más que estar perdidos entre los extremos de tratar de vencer la aflicción o de que esta nos venza a nosotros, la compasión empieza con el descubrimiento de la capacidad de “estar con”, de permanecer estable (inalterable) frente a la adversidad. Está relacionada con la bondad , la cordialidad y la conectividad. La sanación no implica necesariamente que el dolor se solucione o desaparezca, la sanación consiste a menudo en suavizar y disolver la resistencia y aversión que nos mantienen atascados en el miedo y en el distanciamiento. La sanación ha sido descrita por Jon Kabat-Zinn como “aceptar las cosas  tal como son”. Esto quiere decir que relacionarse con el sufrimiento con ecuanimidad y compasión son parte del proceso de curación.

Muchos desórdenes emocionales vienen marcados por patrones de pensamiento y conducta que , aunque sean comprensibles a cierto nivel, a otros niveles mantienen y exacerban el desorden. Por ejemplo, en la depresión, el pensamiento negativo puede ser un intento de dar sentido a la experiencia y la retirada un intento de protegerse frente a futuras experiencias aversivas.  En los precedentes de su último episodio de depresión, Dwan tenia tanto miedo que pretendía ante sí misma que no estaba pasando y trabajaba más para compensar las críticas que tanto temía de sus colegas. El sentimiento de precipitarse por las cataratas del Niágara lo esperaba con rechazo: ”Si remo más fuerte, puede que salga de este bache”. En poco tiempo, la oportunidad y el espacio para tener una respuesta compasiva o una acción eficaz se habían desvanecido.

Ahora Dawn está deprimida y piensa constantemente “No soy buena en mi trabajo” y “No les gusto a mis compañeros”. No vuelve al trabajo para evitar lo que ella siente como una situación que no puede manejar. No hay lugar para Dawn para preguntarse a sí misma si estos pensamientos están basados en la realidad, o si su reacción contribuye a exacerbar su depresión o forma parte de su proceso de sanación. En la ansiedad, el miedo está fuertemente asociado con pensamientos de amenaza inminente o latente. Estos pensamientos e imágenes van alcanzando un amplio abanico de situaciones creando una  ansiedad incapacitante que la persona trata de manejar adoptando una serie de conductas para mantenerse a salvo. Paradójicamente, de nuevo estos comportamientos pueden acrecentar y mantener la ansiedad. El hecho de que Dwan huya del contacto social es un intento para protegerse de la temida posibilidad de ser criticada y rechazada. En su lugar, lo que provoca es que queden excluidas tanto la oportunidad de que estos miedos no se confirmen como la oportunidad de beneficiarse del apoyo emocional que proporciona el contacto social.

Llevar nuestra atención y compasión a estos sentimientos, pensamientos y comportamientos constituye un primer paso para salir de la reactividad y permitir la posibilidad de responder más hábilmente. Cuando tratamos a personas con historiales de depresión, explicamos al grupo de qué se trata recurriendo a la metáfora de las cataratas del Niágara. Explicamos que aprender mindfulness permite a la gente darse cuenta de la reactividad de la mente y abandonar determinados patrones que de forma inadvertida crean más sufrimiento. Pueden prestar atención al sonido lejano de las cataratas, al de las aguas turbulentas, al movimiento del aire y entonces anclarse en el momento presente y responder de una forma diferente. De forma sencilla pero profunda , salir de la reactividad permite a la persona trazar un camino hacia la orilla del rio o hacía un afluente. Con el tiempo, puede ver el patrón de reactividad como una construcción mental.

De nuevo, cabe señalar que la teoría y la investigación psicológica sobre la compasión se encuentran en sus primeras fases. Pero, aunque no signifique que sea conclusivo, cada estudio que examina la relación entre la compasión y los constructos psicológicos sugiere que la compasión se asocia positivamente con el bienestar y negativamente con la aflicción. Es demasiado pronto para afirmar si está involucrada en el proceso de sanación, pero nosotros vamos a desarrollar en las páginas que siguen un modelo de cómo la compasión forma parte del proceso de la sanación.

¿Puede cultivarse la compasión?

Mucha gente ha experimentado momentos de natural y decidida compasión cuando el corazón se ablanda ante el sufrimiento, el dolor y la impotencia. Imágenes de niños que están sufriendo una hambruna, gente que soporta una terrible injusticia, personas mayores que intentan cruzar una calle muy transitada, el bebé que tropieza en el parque, la mujer exhausta que cuida de sus padres ancianos. Estos son momentos que provocan un deseo natural de  querer contactar al otro en medio de su dolor. Son momentos preciosos donde la división entre uno mismo y el otro se diluye, la historia de culpa y resentimiento se desvanece y habitamos - aunque sea por un momento - en un mundo imbuido de bondad y compasión. Demasiado a menudo estos preciosos momentos son arrastrados y se pierden por la excesiva actividad de nuestra mente, y nos encontramos una vez más en el territorio de la agitación, la culpa y la distracción. Las tradiciones meditativas de las diferentes tradiciones espirituales nos animan a cultivar una visión en la cual estos destellos de compasión no son dejados al azar.

Muchas tradiciones espirituales enfatizan  que los momentos de compasión no tienen por qué ser accidentes afortunados o misteriosos. No podemos hacernos sentir compasión aunque las grandes tradiciones espirituales aseguran que podemos aprender a orientar nuestra mente y nuestro corazón hacia ella.  La compasión en todas estas tradiciones es concebida como un arte igual que otro cualquiera, que se desarrolla a través de una práctica sostenida y dedicada. Es reeducar el corazón, aprendiendo a ser bondadoso y  a estar presente  en medio de la neblina del sufrimiento . El examen que han hecho los investigadores a personas que han cultivado la auto-compasión a través de técnicas meditativas, ha encontrado que  su práctica prolongada está asociada al desarrollo de nuevos canales neuronales (Lutz et alii 2008). Se centra en perder el hábito del rechazo volviendo una y otra vez con bondad al dolor que experimentamos en ese preciso momento. No podemos elegir si vamos a encontrar pena o dolor en nuestras vidas, no podemos elegir si participar o no en la vida de nuestro cuerpo y de nuestra mente, solamente podemos elegir como afrontar esos encuentros y nuestra forma de participar en ellos.

Los enfoques basados en mindfulness  para abordar problemas crónicos de salud y la depresión cultivan esta orientación de la mente y del corazón (Kabat-Zinn 1990; Segal, Williams and Teasdale 2002). Al principio del curso cuando se usa el cuerpo como foco de atención, los participantes aprenden a desarrollar una atención sostenida y trabajan con los inevitables apegos y rechazos que surgen. Cuando encuentran dolor se les anima a que lo afronten y lo investiguen con bondad, ecuanimidad, aceptación y paciencia , a que le pongan el felpudo de “bienvenido”, lo mejor que uno pueda. Como  el MBSR y el MBCT están basados en el trabajo de grupo, los participantes ven a los otros experimentando clases similares de dolor, juicio y lucha. Darse cuenta de que lo que uno piensa que es algo único y personal es experimentado por otros, puede ayudar a cultivar un fuerte sentido de  la universalidad del dolor y a comprender que uno no está solo en su sufrimiento. Dawn cuando hacia el bodyscan notaba dolor de mandíbula y de cuello  y notaba el comprensible ciclo de rechazo y de juicio que desencadenaba: “Esto lo empeora, este dolor es intolerable.” Durante las primeras semanas, Dawn pudo ver como esta segunda capa de sufrimiento la llevaba a contraer aún más el cuerpo, y que, en particular la tensión de la mandíbula, tendía a difundirse rápidamente hacia la cabeza y acto seguido le venia un principio de migraña. Costó coraje y paciencia, pero con tiempo y llevando compasión a las primeras  sensaciones de dolor en la mandíbula, pudo crear las condiciones para una relajación y apertura que rompieron el círculo que conducía a la segunda capa de sufrimiento. Más tarde durante el curso, era capaz de aplicar esta atención y compasión a sus pensamientos de auto-juicio y sentimientos de vergüenza y a las sensaciones corporales asociadas.

Aunque el cultivo de la autocompasión en los enfoques basados en el mindfulness es algunas veces no directo  - quiero decir que no hay un énfasis explícito en el amor bondadoso o en la compasión a través de meditaciones específicas que cultivan estas cualidades-  el entrenamiento y la orientación del programa de entrenamiento en mindfulness de 8 semanas  sin embargo cultiva la compasión. Hay actualmente investigaciones que muestran que las intervenciones basadas en  la práctica del mindfulness no sólo cultivan la auto-compasión, incluso en ausencia de meditaciones explícitas sobre la compasión, sino que son efectivas en aliviar el sufrimiento en parte porque cultivan la compasión.

Otras muchas terapias psicológicas también tienen como propósito el cultivo de la compasión ya sea de forma implícita o explícita. Como se ha dicho antes, Gilbert ha demostrado que la depresión viene caracterizada por la auto-crítica y la vergüenza. Los resultados preliminares de un programa en el que los terapeutas enseñan a sus pacientes a tratarse a sí mismos con amabilidad, a reconfortarse y a aceptarse, han demostrado que este enfoque es, a la vez, aceptable y efectivo con algunos pacientes.

EL PAISAJE DEL SUFRIMIENTO

En la psicología budista, el sufrimiento, que consiste en la experiencia de sufrimiento (aflicción) físico o emocional, es descrito en ocasiones usando el símil de las dos flechas. En este símil se describe la experiencia de una persona que es herida por una flecha, lo que le causa una primera experiencia dolorosa. Es un dolor que puede ser experimentado por cualquiera en una situación similar. La historia continua describiendo la reacción de la persona al dolor, cómo una persona poco consciente (no midfulness) llora o lamenta su suerte, rehusando extirpar la flecha hasta que esté claro de dónde vino, quién la disparó, de qué estaba hecha y porqué fue disparada. Como consecuencia, la persona cae en la desesperación y la angustia, resistiéndose a la experiencia totalmente, culpabilizándose a sí mismo y a todo el mundo y por último languideciendo en el dolor. Tal reacción a la primera fecha añade otra capa de dolor que solo agrava la experiencia inicial del sufrimiento. Lo importante es que esta capa adicional de dolor es opcional. El símil apunta al hecho de que en este modelo reactivo la persona experimenta dos niveles de sufrimiento: el dolor inicial de la primera flecha y el sufrimiento emocional de la reacción (la segunda flecha).

Dawn describe de forma conmovedora este sufrimiento añadido. Su dificultad de salir de la cama, la apatía provocada por la depresión (la primera flecha) se encuentra con su auto-juicio y culpa (la segunda flecha), lo que exacerba y mantiene su depresión. Ella describe de forma vívida el miedo y la aversión que van creciendo dentro de ella, ambos habituales y totalmente comprensibles en la respuesta humana al dolor. La reacción puede ir desde el disgusto a la resistencia, la insensibilidad, la agresión, el juicio y la culpa. En su depresión,  los patrones recurrentes de pensamiento de fracaso personal, inadecuación e inutilidad simplemente refuerzan la aversión. Esto invariablemente, no solo  aumenta el dolor inicial, haciendo más profunda su depresión y su sentimientos de fracaso, sino que paraliza su capacidad de responder con algún grado de bondad y creatividad a los dolorosos sentimientos de tristeza y vacío que experimenta.  Entonces, llegó un  punto en la práctica, en que todo cambió. Dawn se encontró a si misma realmente aceptando su depresión, en lugar de reforzar su poder a través de su pensamiento de “tumbarla ” con vergüenza y juzgándose. El destello de esperanza que ella estaba experimentando le permitió por primera vez probar el sabor de aceptar su situación con conciencia y auto-compasión.

Hay una antigua creencia griega que dice que las únicas personas que merecen compasión son aquellas que no se merecen su sufrimiento. La falta de valoración de uno mismo se combina con patrones habituales de rechazo y culpa que acaban convenciendo a muchas personas que su sufrimiento es culpa suya y una señal de su fracaso e ineptitud. El juzgarse a uno mismo y la vergüenza inhiben que emerja la compasión y, a menudo, aseguran la continuidad y que se solidifiquen la aflicción psicológica y emocional. Para Dawn, el tomarse tiempo libre en su trabajo, le dejo  un vacio que su mente llenaba con la auto-vergüenza (“ He fallado de nuevo, esto prueba que no soy buena en mi trabajo y que he dejado tirados a mis colegas”). Esto hacía que Dawn no contestara al teléfono ni saliera de casa, creando un terreno fértil para la rumiación mental. “Si sólo pudiera averiguar que es lo que ha ido mal”. Esto hizo que considerara sus abstracciones como si fueran realidad y  se solidificaran abortando la posibilidad de abordar el sufrimiento con compasión. En su analogía de las cataratas del Niágara ella quería agacharse y esperar simplemente su caída en la cascada cuesta abajo.

El cultivo de la auto-compasión incluye reexaminar e investigar el núcleo de las creencias de falta de valía, de no merecer ser querido y de imperfección que alimentan los ciclos recurrentes de rechazo  interior y de condena. La auto-compasión incluye aprender a esperar, aproximarse, investigar y deshacer el núcleo de los sistemas de creencias negativas que hemos absorbido de otros o construido sobre la base de experiencias personales de fracaso o rechazo. El hábito de juzgarse a uno mismo duramente sólo sirve para que continuamente reforcemos los sentimientos de ineptitud, desamparo y ansiedad, minando nuestra capacidad natural de aceptación, generosidad y compasión.

La auto-compasión tiene que ver con reestructurar la narración personal. En lugar de que la ansiedad, la depresión o la obsesión sean vistos como fracasos personales y como falta de competencia, son simplemente sufrimiento, mereciendo la misma compasión que tendríamos con cualquiera que sufriera. Gradualmente, descubrimos que la aflicción emocional puede ser abarcada con bondad y generosidad, perdón y aceptación. Este profundo cambio en la relación con el sufrimiento propio empieza por cambiar la visión de ineptitud y fracaso que está bajo la supuestamente corriente sin fin de pensamientos aversivos que constituyen la reflexión depresiva. La compasión no es simplemente una emoción placentera. Es una transformación radical de nuestra visión del sufrimiento y de nuestra visión del “yo”.

Dawn habla del cambio emocional que empezó a hacer  y que fue desde la culpa hasta la aceptación: “Estaba casi bien estar deprimida y empecé a  ayudarme a mi misma de pequeñas formas”.  La depresión, en lugar de ser vista como un enemigo se convirtió en un paisaje en el que ella pudo empezar a cultivar distintas formas de proporcionarse bienestar.  Fue un cambio desde la desesperanza y el desespero -que son parte y componentes de la depresión- a un sentido más confiado de la posibilidad de tener un más amplio abanico de respuestas enriquecedoras. La primera flecha podría ser explorada e investigada. Dawn podía ver su que su pensamiento negativo era originado por un estado emocional depresivo. En lugar de que la depresión fuera una descripción personal de fracaso, abordada con vergüenza y aversión, se convirtió en una experiencia que podía abordarse con bondad y curiosidad.

Con el mindfulness, ella pudo empezar a ver los pensamientos como pensamientos, rompiendo el círculo tóxico que ocurría cuando el pensamiento depresivo era investido con una autoridad que solo reforzaba y hacía más profunda la depresión. Los pensamientos ya no dictaban sus acciones y reacciones.

G. Lewis escribió acerca de su cambio radical en su propia experiencia con la depresión en su obra autobiográfica, Sunbathing in the Rain (Tomando el sol bajo la lluvia) (Lewis, 2002). Cuando finalmente dejó de tratar de escapar de los pensamientos y sentimientos negativos (la lluvia), fue capaz de apreciar la posibilidad de estar plenamente presente en su experiencia, tanto si llovía o no. Esto permitió la posibilidad  de abordar sus pensamientos  y sentimientos negativos con interés, cuidado y curiosidad. Este cambio sutil fue de todo menos pequeño, puesto que le  permitió aprender de la depresión y emprender los cambios necesarios en su vida.

Frente al sufrimiento, cambiar el rechazo por la bienvenida, hacerse amigo de él y aceptarlo es el cambio más radical que una persona puede hacer a nivel emocional y psicológico.. Es un cambio, catalizado por el mindfulness, que consiste en pasar de ser  una víctima desvalida o sufriente a merced de la depresión, a convertirse en un participante del proceso de sanación. Estos primeros pasos para entender el paisaje del sufrimiento son también los primeros pasos para adentrarse en el paisaje de la compasión. G. Lewis escribió acerca de hacer cambios en su vida que incluyeron no volver al mismo trabajo que la había agotado y buscar un trabajo y unos intereses que la recompensaran y nutrieran. Leer el libro de G. Lewis fue muy útil para que Dawn viera que la depresión podía convertirse en una amiga. Dawn era muy afortunada de tener un jefe que la apoyaba. Volvió  al trabajo  de forma gradual y fue capaz de ver por primera vez que muchos de los pensamientos negativos y desagradables que había cultivado sobre ella y sus compañeros eran fabricados por la depresión en lugar de ser valoraciones precisas de la realidad. Con el tiempo, Dawn se dio cuenta  de que como en las Cataratas del Niágara, sus pensamientos y sentimientos turbulentos necesitaban una sabia atención. Ignorar los momentos en que estaba con el ánimo bajo o tenia pensamientos negativos y simplemente “ remar más fuerte” servía de poco para evitar la aparentemente inevitable sensación de ser arrastrada hacía las cataratas. En lugar de eso, aprender a estar atenta y a escuchar los sonidos lejanos del agua, los remolinos y la sensación de la niebla sobre su piel la capacitaban para estar atenta a la situación y responder :” En esas ocasiones necesitaba cuidarme, continuar con mis ejercicios y descansar…y quizás hablar con mi jefe. Lo que necesitaba era remar hacía un afluente que me llevará hacía un rio diferente, lejos de aquel que me conducía inevitablemente hacía las Cataratas del Niágara.”

EL CULTIVO DE LA COMPASIÓN

A través de los enfoques basados en el mindfulness se ponen los cimientos de la compasión. Durante las tres primeras sesiones del curso, se cultiva la atención intencional a través de un amplio abanico de prácticas: el body scan, la atención mientras se camina y se hacen estiramientos y la atención a la respiración. Al tiempo que se desarrolla el “músculo de la atención”, se ponen en evidencia los patrones habituales e impulsivos de pensamiento que están presentes y el rechazo asociado a los estados mentales negativos y juicios. Con el mindfulness se desarrolla una creciente habilidad para quitar autoridad al auto-juicio y a la culpa (que solo sirven para alimentar los pensamientos negativos) y para ver que ocurre cuando abandonamos nuestros patrones habituales de pensamiento. Los clientes desarrollan la capacidad de ser conscientes de su pensamiento y de su respiración, cultivando la atención al momento presente y una mayor conciencia de sus sensaciones. El calendario de momentos placenteros, que los participantes en el curso cumplimentan en la segunda semana, revela una oculta o no reconocida capacidad de aprecio y satisfacción con un mundo no coloreado por la desolación de la depresión. El continuo énfasis sobre la curiosidad, la bondad y el ser amigable desarrollan una habilidad y una base actitudinal que pueden ser llevados a eventos no placenteros cuando surgen, ya sea interiormente o exteriormente.

En la segunda mitad del curso, mindfulness y compasión son utilizados para resistir las recaídas en la depresión, así los pacientes pueden generar respuestas hábiles en el  preciso momento en que saltan las primeras señales de alarma de una posible recaída en la depresión. Finalmente, las sesiones de grupo basadas en un enfoque mindfulness revelan a cada participante que la depresión no es un fallo personal, sino una aflicción que asedia a muchos seres humanos.

En la psicología budista se afirma que la mente es la precursora de todas las cosas. Cuando la mente es moldeada por la depresión, la depresión se convierte en la precursora de todas las cosas, incluyendo la propia auto-imagen, las percepciones y las conductas. Todos los pasos del programa MBCT de ocho semanas, están diseñados para provocar cambios cognitivos, un cambio en la visión y en la comprensión del yo, que alternan procesos de pensamiento, hábitos y conductas (Segal et al. 2002). Igualmente, la psicología budista afirma que la mente existe en un estado de potencialidad, siendo conformada y moldeada por los estados mentales, las intenciones, los hábitos, los pensamientos y por cualquier cosa con la que se identifique en el momento (Feldman 1998).

En los programas MBCT los clientes emprenden numerosos pasos: aprenden a ser conscientes de su mente y de los patrones que sigue la misma, a instilar bondad y un sentimiento de amistad en lugar de juzgar y presentar resistencia, y se dan cuenta de la libertad innata de la mente a través de la percepción de los patrones habituales que perpetúan el sufrimiento. Lo anterior da forma al sufrimiento, abre un diálogo con él y ofrece un vía alternativa para responder al dolor y sanar el sufrimiento.

La compasión sólo tiene una dirección que es sanar el sufrimiento. La compasión tiende a ser un territorio extraño para mucha gente con historial de depresión. Es una habilidad que puede ser aprendida y va acompañada por una actitud que puede ser cultivada al mismo tiempo. Hay tres importantes cambios cognitivos que ocurren cuando se desarrolla la habilidad de la compasión y que permiten que una persona pueda dar un giro desde el rechazo (aversión) hasta la compasión.

El primer cambio es el cultivo de mindfulness (atención plena), aprendiendo a manejar el pensamiento  y las actitudes depresivas con bondad en lugar de con culpa, y practicando esto una y otra vez. Se trata de ser capaz de preguntar “qué necesita esto” en lugar de “cómo puedo librarme de esto”. Es el principio para entender que la depresión es una aflicción que se merece compasión como cualquier otra enfermedad o condición física crónica. Como Dawn descubrió en su viaje para salir de la depresión, lo que nosotros cultivamos (alimentamos) en nuestras mentes y en nuestras vidas es una elección. Es una elección que sólo puede ser hecha cuando somos conscientes de nuestras mentes y de nuestras vidas.

El segundo es que se desarrolla la capacidad de ver un pensamiento como un pensamiento, una emoción como una emoción, un hábito como un hábito y empezar a considerar el “yo” como fuera del proceso. Aprender que la aflicción puede ser tolerada y tratada amistosamente en lugar de temida, es la raíz de la confianza interior, una cualidad que está ausente en el pensamiento depresivo. Es un cambio para ser capaz de ver la tristeza, el miedo, la soledad y la duda como sucesos impersonales que simplemente aparecen en un momento dado dentro del campo de la conciencia, más que estados personales centrados en “mi”, como en “estoy triste, solo y preocupado.”

Tercero, al rebajar la preocupación sobre el “yo” y la identificación a través del mindfulness, se cultiva -inevitablemente- una creciente conciencia de la universalidad de la aflicción y del dolor humano. Durante las conversaciones de grupo en las clases, la gente escucha y oye el dolor que sufren los otros, y se ven y sienten ellos mismos reflejados en los ojos, en las vidas y en los corazones de los otros participantes. Al mismo tiempo, como parte tanto de la  práctica de la meditación como de las conversaciones en clase, los alumnos se interrogan profundamente sobre su propia experiencia y sobre la de los demás. Aprender a escuchar al otro sin culpa sino con ternura y cuidado, es una habilidad que informa la forma en que nos escuchamos a nosotros mismos. La gente que ha participado en las clases de mindfulness ha comentado como este proceso grupal fue un aspecto clave que les ayudó a cambiar (Allen et al. 2009).

En las prácticas de mindfulness destacamos un variado abanico de formas para  desarrollar la compasión, basadas en las habilidades básicas de una escucha atenta y receptiva, de la no identificación, la empatía y la tolerancia a la aflicción. La compasión descansa igualmente en el conocimiento de que nuestro deseo de liberarnos del dolor y de la aflicción es ampliamente compartido por todos los seres vivientes. La compasión no tiene jerarquías: las aflicciones de la mente son tan importantes como las del cuerpo, las pérdidas y las penas son parte de cada vida humana. Todas ellas son merecedoras de compasión.
El papel del profesor de mindfulness es instrumental para permitir a los participantes poder prestar atención a su sufrimiento y cultivar la compasión. El profesor necesita primero, y ante todo, haber cultivado  la compasión hacia su vida y experiencias vitales a través de su práctica de mindfulness. Este aprendizaje experimental es un pre-requisito para enseñar a los otros y es experimentado por los participantes como la personificación de un profesor que “anda el camino”. Esta concepción integral impregna la forma de enseñar las prácticas de mindfulness; sustenta la investigación a nivel individual y grupal y la universalidad de la experiencia cala en el grupo.  
    
CONCLUSIÓN

En este trabajo hemos definido la compasión como la capacidad de afrontar el dolor con bondad, empatía, ecuanimidad y paciencia. La depresión es un paisaje que viene caracterizado por la aversión, las opiniones negativas y el juicio y que excluye la compasión. Cuando la compasión se cultiva hay un deshielo que permite la sanación, la sensibilidad y un surtido de retrolimentación  y de conductas o comportamientos  hábiles que deshacen el patrón de recaídas en la depresión y que construyen la resiliencia personal.

Cuando acabaron las clases de mindfulness, Dawn escribió en su formulario de comentarios:

“Era como si mi mente creará un abismo de sufrimiento, repitiendo todas las cosas malas que habían sucedido, siempre preocupada sobre lo que podía pasar, no encontrándome bien dentro de mi piel. Fue como si mi corazón me aportara un camino para cruzar el abismo”.



Fuente: Contemporary Buddhism, Vol. 12, No. 1, May 2011


Traducido por María José Rodrigo, revisión de Dokushô Villalba, para el blog “Atención Plena y Ciencias Contemplativas”, octubre 2015.

sábado, 16 de mayo de 2015

LA CONSTRUCCIÓN DE LA ATENCIÓN PLENA_1

Primera parte

por Andrew Olendzki (*)


Se analizará la atención plena utilizando el sistema de clasificación de fenómenos (dharmas) del Abhidhamma, tal como se encuentra en la obra en pali Abhidhammattha-sangaha. En este modelo los factores mentales que constituyen el agregado de formaciones (sankhāra) se agrupan para describir una visión por capas de la práctica del desarrollo mental. Así, todos los estados mentales involucran cierto conjunto de factores mentales, mientras que otros más van siendo añadidos según se avanza en el entrenamiento mental. También existen configuraciones saludables y insalubres, y la atención plena resulta ser un estado bastante avanzado de experiencia construída saludable. La sabiduría, el primer factor transformador en el pensamiento y práctica budista, emerge solo bajo condiciones especiales. El sistema se contrasta entonces con los distintos análisis de fenómenos presentados en el Abhidharmakosa sánscrito, donde tanto la atención plena como la sabiduría se cuentan entre los factores universales, lo cual provee la base para un modelo innatista de desarrollo, que es discutido desde una perspectiva constructivista.


Uno de los aspectos más llamativos de la expansiva y duradera tradición budista es el sofisticado modelo de la mente y el cuerpo presentes en los Nikayas del Canon Pali y sistematizados tanto en la literatura del Abhidhamma pali del sur de Asia como en el Abhidharma de Noroeste de India y regiones ulteriores. El Buda histórico es seguramente la fuente de la mayor parte de estas ideas, aunque fueron significativamente desarrolladas por muchos otros a lo largo del tiempo y este conocimiento adquirido fue siendo recogido por las nuevas comunidades. El análisis exhaustivo de la descripción de la experiencia ofrecido en estas enseñanzas es de particular interés para los pensadores modernos, tanto por sus fundamentos empíricos como por su destacada afinidad con el pensamiento postmoderno. Enraizado en las antiguas prácticas meditativas yóguicas y articulado con gran precisión intelectual, ofrecen una dinámica visión de la experiencia orientada a procesos, como una serie de eventos cognitivos interdependientes que aparecen y desaparecen a cada momento según los sentidos encuentran información proveniente del ambiente y la mente construye un mundo de significados para interpretar esta información y responder a ella tanto emocionalmente como con el comportamiento. Además, este sistema de pensamiento va más allá de la mera descripción para ofrecer una guía práctica para un óptimo bienestar, lo que se consigue superando las compulsiones habituales derivadas del reflejo placer/dolor y desarrollando un mayor entendimiento práctico de la naturaleza de la experiencia humana.

Este antiguo conocimiento acerca de cómo la mente y el cuerpo construyen la experiencia, y cómo una persona puede usar este conocimiento para alcanzar una mayor salud y felicidad, se encuentra en el corazón de la tradición budista primitiva, pero fue pronto sobrepasada y relegada a un segundo plano escolástico y meditativo cuando el budismo tomó direcciones más populares, devocionales y sincréticas culturalmente. Está siendo paulatinamente redescubierta por la generación actual de estudiosos y profesores, y es de especial interés para aquellos especialistas de ramas contemporáneas en el estudio de la experiencia humana y para los que tienen interés en aumentar el bienestar humano. Entre éstos están los científicos cognitivos y los psicólogos, y muchos otros que se solapan entre estas disciplinas. El pensamiento budista primitivo emplea un preciso vocabulario técnico que puede ser útil para identificar y esclarecer la maraña de la experiencia subjetiva. También ofrece un examen detallado de los mecanismos de la atención, que pueden ayudar a lograr una mejor definición de la atención plena y estados mentales relacionados, e incluso apuntar un modo de medir niveles de mayor o menor atención. De particular valor para las labores terapéuticas es la orientación básica de estas enseñanzas hacia la transformación y el alivio del sufrimiento, en tanto que evalúa el progreso a lo largo de una escala que va desde la pesadumbre hasta un profundo bienestar bajo cualquier circunstancia.

Lo que más caracteriza el modelo de mente y cuerpo expresado en la literatura budista primitiva es la descomposición de la experiencia en sus constituyentes fenomenológicos básicos, llamados dharmas, y a partir de ahí la organización y clasificación de estos dharmas de varias maneras para clarificar su definición y describir su función como parte de un complejo sistema interdependiente. Lo mismo que el mundo natural se ve de una cierta manera a determinado nivel de escala y de otra forma cuando se examina con más detalle, el pensamiento budista identifica así la manera en que la experiencia vivida a nivel macro difiere significativamente de sus procesos constituyentes cuando se examinan más detalladamente con una mente enfocada. Por ejemplo, puede ser relativamente fácil ver, tanto experiencialmente como neurológicamente, que lo que parece ser un flujo ininterrumpido de experiencia coherente es en realidad un serie de eventos sensoriales y mentales que aparecen y desaparecen en rápida sucesión, mientras que el sentido de continuidad y coherencia narrativa es algo proporcionado por un nivel más ato de capacidades imaginativas. En el corazón de la perspicacia del Buda está la discrepancia entre lo que parece ser, caracterizado por confusión e incluso ignorancia y lo que realmente es, conocido como sabiduría.

Una característica central de este modelo, que no aparece en los modelos correspondientes de la psicología occidental, es la caracterización evaluativa de varios dharmas como sano o insano. El término para esta cualidad (kusala/akusala en pali) puede ser traducido mejor como saludable o insalubre, puesto que no traza un estándar moral ni una definición normativa sobre o que está bien o mal sino que presenta una descripción de los factores que contribuyen o entorpecen el fruto del bienestar, la reducción del sufrimiento y la capacidad de entendimiento. El término también tiene el sentido de hábil o inhábil, lo que significa que la práctica budista de la moralidad (sila) es considerada una habilidad que puede ser aprendida y, al mismo tiempo, pone de relieve que incluso el mal comportamiento más atroz no es fruto de una naturaleza perversa sino evidencia de una falta de entendimiento o de habilidad. La centralidad de esta evaluación ética revela hasta qué punto todo este sistema, desde su origen Nikāya y su extensión Abhidhamma, se considera un medio para efectuar una transformación psicológica personal más que un ejercicio intelectual o la imposición de una doctrina.

Otra parte importante de este sistema es la distinción entre el objeto de la conciencia por un lado y la actitud o implicación emocional con respecto a ese objeto por otro. Lo que es discernido por la conciencia es una cosa; cómo es discernido, es decir, con qué cualidad de la mente es discernido, es algo diferente. Así, muchos de los dharmas enumerados en el sistema Abhidhamma corresponden a lo que podemos denominar en otro contexto actitudes emocionales, y esto es importante para entender cómo es considerada la meditación en el budismo primitivo. Parte del entrenamiento meditativo tiene que ver con aprender a enfocar la mente en un objeto en particular o en una serie de objetos emergentes, pero la mayoría del entrenamiento tiene que ver más con cultivar estados concretos de la mente por medio de los cuales ese objeto es observado. La tecnología del darse cuenta tiene que ver con cómo el agregado de conciencia (viññāna) interactúa con el agregado de forma material (rūpa) según se manifiesta en los órganos sensoriales del cuerpo y los objetos sensoriales del entorno; pero el desarrollo de la atención plena y el discernimiento es más un asunto de cómo el agregado de formaciones (sankhāra) surge conjuntamente con los otros agregados. Esto debería resultar más claro cuando examinemos los detalles de cómo se construye la experiencia.

La construcción de la experiencia

La conciencia emerge y se desvanece a cada momento porque es un proceso o evento que ocurre, más que algo que exista de ninguna forma estable e identificable. Se caracteriza solo por “conocer” y esto solo puede aparecer en relación con un objeto que es conocido y un órgano por medio del cual el objeto es conocido. Enumeramos seis clases o modalidades de conciencia, las cuales se corresponden con los cinco órganos sensoriales (ojo, oído, nariz, lengua y cuerpo) y la mente como la sexta, así como los cincos objetos sensoriales (formas, sonidos, olores, sabores y contactos) con los pensamientos como el sexto. El punto de partida o fundamento de toda la experiencia es así un episodio de cognición de uno u otro de estos seis modos, que ocurren una y otra vez en una serie temporal, a la que generalmente nos referimos como “flujo de conciencia”. Desde el momento en que la conciencia se manifiesta en dependencia de los órganos y objetos que están cambiando constantemente, la conciencia en sí es permanentemente “movediza, tambaleante, impermanente, cambiante y fluctuante” como señala un pasaje[1]. Más aún, la conciencia no aporta ninguna otra característica más que el mero darse cuenta o percepción de un objeto, así que todas las texturas y cualidades de la experiencia son proporcionadas por otras funciones mentales que surgen en varias combinaciones. Un recuento detallado de cualquier momento dado de experiencia consiste entonces en identificar primero cuál de los seis modos de conciencia se está manifestando (esto es, en dependencia a qué pareja de órganos y objetos sensoriales) y segundo, qué dharmas asociados o factores constituyentes están apareciendo conjuntamente con la conciencia para dar forma a la experiencia en su conjunto. El método para describir los estados mentales de esta manera se describe en los Nikayas y se refina enormemente en la literatura Abhidhamma.

Más que realizar un análisis sistemático de este método, que nos llevaría demasiado tiempo, nos centraremos en un aspecto en particular de este mapa de los dharmas, uno que puede ser de ayuda para entender la definición y función de la atención plena. Tiene que ver con el agrupamiento de dharmas en varias categorías, describiendo aquellas que surgen y desaparecen conjuntamente en cualquier momento dado de conciencia. De acuerdo con el análisis del Abhidhamma resumido en el Abhidhammatthasangaha[2], siete factores mentales surgen juntos en todos los estados de conciencia y por eso son llamados universales; otros seis pueden estar presentes o no en cualquier momento concreto y son llamados ocasionales. Además de estos dos grupos, otros 39 estados mentales se clasifican como saludables o insalubres,  pero nunca surgirá uno de un grupo conjuntamente con uno del otro, son mutuamente excluyentes. Por último, estos 39 estados son también divididos en 4 insalubres universales, 10 insalubres ocasionales, 19 saludables universales y 6 saludables ocasionales. Tenemos así, considerados conjuntamente, 6 diferentes agrupaciones de factores mentales que co-emergen con la conciencia para ayudar a dar forma y textura a la actitud o emoción con la que un objeto es reconocido por la conciencia. El panorama completo de configuraciones individuales es mucho más complejo, pero esos 6 grupos básicos configuran un modelo de estratificación por capas de la experiencia mental, para entendernos, en 6 niveles generales de funcionamiento mental, y son estos 6 niveles los que nos pueden ayudar a comprender cómo la experiencia puede ser vista como una construcción sobre sí misma para describir una escala de menor a mayor consciencia de la conciencia.

  1. Los universales
La manifestación más sencilla de la mente se caracteriza por los factores mentales universales inherentes en todo momento de conciencia. No es posible, de acuerdo al Abhidhamma, que la conciencia se manifieste  con menos de siete factores mentales, pero bien puede surgir y desvanecerse con nada más que esos siete. Así, incluso las formas más austeras de conciencia incluyen las funciones mentales de:

1.    contacto entre la conciencia, el objeto y el órgano;
2.    un sentimiento que puede ser agradable, desagradable o indiferente;
3.    una percepción del objeto como algo categorizado simbólicamente de acuerdo a las experiencias anteriores;
4.    una volición o respuesta intencional al objeto, lo cual produce karma;
5.    cierto grado de unidireccionalidad o foco sobre únicamente un objeto en cada momento;
6.    una calidad cohesiva de vitalidad mental que sustenta y da soporte al funcionamiento interdependiente de los siete factores mentales universales;
7.    y una función de atención que dirige los factores asociados hacia el objeto como un timón orienta un barco.

El hecho de que estos dharmas estén siempre presentes significa que deben describir incluso los estados mentales más irreflexivos. Estamos entonces permanentemente prestando atención, incluso cuando no nos damos cuenta de que lo estamos haciendo o incluso si estamos prestando atención a un objeto diferente de aquél al que nos gustaría estar prestándosela. De modo semejante, la mente está siempre enfocada sobre un objeto en particular, incluso en mentes totalmente sin entrenar, aunque el objeto sobre el que están enfocadas cambie de momento a momento. Si no fuéramos capaces de ese nivel mínimo de foco y atención, la experiencia mental coherente probablemente no sería posible.

  1. Los ocasionales

Además de esos siete factores mentales, se enumeran otros seis estados que pueden aparecer o no, individualmente o en conjunto. Éstos son:

1.    pensamiento aplicado, por medio del cual uno pone deliberadamente atención sobre un objeto a lo largo de numerosos momentos mentales;
2.    decisión, un estado de confianza e implicación intencionada con el objeto;
3.    energía, un factor que mantiene y apoya a los otros proporcionando interés adicional;
4.    alegría, una cualidad de entusiasmo vibrante;
5.    e impulso para actuar, un deseo de actuar que no está basado en la avidez ni el apego pero que no obstante incita a que la mente inicie la acción apropiada.

Estos son los factores que se promueven cuando entrenamos la mente con la meditación, ya que este entrenamiento requiere dirigir conscientemente la atención y mantenerla de forma estable sobre el objeto elegido, como puede ser la respiración. La estabilidad del foco provoca decisión, requiere energía, y a menudo deriva en alegría, y el impulso permite que el meditador cambie la atención de una parte del cuerpo a otra,  hacia el bienestar de todas las criaturas arriba, abajo y alrededor, de modo tal que no incite al deseo o a la compulsión. Estos factores pueden no estar presentes en todo momento desde que uno se sienta a meditar hasta que suena el cuenco una hora más tarde, lo mismo que un jugador de béisbol está en juego incluso cuando está sentado en el banquillo o está de pie alrededor del campo de juego, pero en la medida en que el entrenamiento mental deliberado es siempre eficaz, puede que por un solo momento, alguna combinación de estos factores interviene.

  1. Los insalubres universales
La cuestión acerca de los factores ocasionales recién mencionada es que son éticamente variables, lo que significa que pueden operar en estados mentales saludables  o insanos. Todos los momentos de la mente insanos añadirán cuatro factores más:

1.     ignorancia, definida como no entendimiento de algunas verdades básicas sobre la experiencia, como son la impermanencia, altruismo y las causas del sufrimiento;
2.     inquietud, un estado de agitación que ondea la mente como el viento la superficie del mar; 
3.     suspensión de la conciencia, mantener momentáneamente inoperativo el sentido innato de auto-respeto que nos previene de cometer actos seriamente nocivos;
4.     suspensión del respeto, corte del sentido innato de respeto por los derechos y opiniones de otros que también restringen su comportamiento para mantenerse dentro de normas socialmente definidas.

Éste es el conjunto mínimo de factores mentales que surgirán en la mente durante cualquier momento de mala acción, conjuntamente por supuesto con los siete universales. En el caso de lo universales es todo o nada: cuando la ignorancia está presente los otros tres también lo estarán necesariamente. Un punto interesante de este análisis es que la agitación siempre es insana, sugiriendo que cualquier práctica que promueva relajarse y calmarse es inherentemente sana, teniendo en cuenta que esto llevará naturalmente a la eliminación de su factor co-emergente ignorancia, y así purgará ese instante de sus más nocivas toxinas y lo librará de su insalubridad. Otro punto de interés es la sugerencia de que la conciencia y la función de respeto funcionan como una especie de sistema inmune ético innato, protegiendo a los individuos y la sociedad de comportamientos ofensivos, pero que éste es suprimido en los momentos de mal comportamiento.

  1. Los ocasionales insalubres
Mientras que la ignorancia [o confusión] se puede manifestar de forma tan simple como para involucrar solo los cuatro factores insalubres universales, más a menudo lo hace conjuntamente con avidez o aversión, las otras dos toxinas. Aunque la videz y la aversión son realmente expresiones opuestas de un mismo impulso, llamado deseo. La avidez es el deseo de querer o gustar o permanecer apegado a algo que es placentero o gratificante, mientras que la aversión es el deseo de no querer, no gustar o en cualquier caso ignorar o destruir aquello que provoca displacer o se identifica con dolor. Así, la avidez y la aversión son mutuamente excluyentes y no puede surgir conjuntamente en un mismo instante mental. Uno puede estar confuso y ávido, confuso y asqueado, o simplemente confuso, pero no puede estar lleno de avidez y rechazo al mismo tiempo. Cuando éste parece ser el caso, el modelo Abhidhamma asegura, que los dos están simplemente alternándose en rápida sucesión, con la ilusión de simultaneidad construida en niveles más altos de organización mental. Otros factores insalubres que pueden surgir con la ignorancia y los otros universales incluyen: visión incorrecta, soberbia, envidia, avaricia, preocupación, pereza, sopor y duda. Una forma de ver estos estados es como matices de color formados a partir de los tres colores primarios ignorancia, avidez y aversión.

Desde el punto de vista de la práctica meditativa, no hay mucha diferencia entre los dos grupos de factores insalubres universales y ocasionales, ambos son un obstáculo para la serenidad y claridad mental. Incluyen, por ejemplo, la clásica lista de los cinco obstáculos (1. deseo sensorial, 2. enfado, 3. agitación y remordimientos, 4. pereza y sopor, 5. duda), factores mentales que deben ser temporalmente abandonados para que la mente alcance el nivel de entrada de concentración, y empiece el proceso de atenuación de la consciencia conocido como absorción (jhāna).

Para nuestro propósito es suficiente decir que poco progreso hacia la transformación puede ocurrir mientras cualquier estado insalubre esté surgiendo en la experiencia, y aprender cómo abandonar tales estados es una parte fundamental del camino. Por ejemplo, mientras que es importante ser capaz de darse cuenta del surgimiento y desaparición de todos los estados mentales, darse cuenta del enojo (una forma suave del rechazo, disgusto por lo que está pasando) con una actitud de enojo solo reforzará la cualidad del enojo. Del  mismo modo: evitar, reprimir o en cualquier caso rechazar el enojo solo asegurará que vuelva más tarde con mayor urgencia e intensidad. El camino del medio entre aceptar y rechazar la experiencia de enojo es darse cuenta de él, verlo como el factor insalubre que es, y amablemente soltarse de él. Todos los estados insalubres necesitan ser neutralizados de la misma forma, y solo proliferarán si se dan conjuntamente con otros estados insalubres.

  1. Los universales saludables
En total hay 19 factores mentales que surgen conjuntamente en cualquier momento mental saludable, y éstos comprenden una lista notable. La atención plena es uno de ellos, que es considerado como una actitud particular o postura emocional hacia el objeto de atención. Uno conoce un objeto con una cualidad de la atención forjada por la atención plena, que es lo mismo que decir con presencia de la mente, esmero y con cierta estabilidad de foco. Como un factor saludable universal, la atención plena está libre de agitación, confusión y todos los demás estados insalubres, y no puede surgir conjuntamente con ellos en el mismo momento. Es también un estado mental que surge más allá y por encima de otros niveles básicos de atención, intención y concentración enfocada, y éstos emergen más allá y por encima de factores que ayudan a entrenar la mente, tales como poner y mantener la atención sobre un objeto elegido conscientemente y energizar o provocar alegría.

Los factores que confluyen con la atención plena bajo cualquier circunstancia también ayudan a definir y refinar cómo funciona la mente. La no-avidez y el no-rechazo ayudan a clarificar que la atención plena no favorece ni se opone al objeto, sino que más bien expresa una actitud de ecuanimidad. Aquí es donde las definiciones modernas de atención plena toman el sentido de no juzgar al objeto sino de tomarlo tal y como es. Conjuntamente con la atención plena surgen los guardianes gemelos de conciencia y respeto, los cuales quedaban en suspenso en los estados insalubres, así como confianza y fe, construidos sobre una confianza básica que viene de la dispersión de los tóxicos.

Estos seis factores aparecen con la atención plena se juntan con otros seis que también pueden tomarse en sentido doble de poder aplicarse a la conciencia en sí como a los factores mentales asociados: tranquilidad, claridad, maleabilidad, manejabilidad, competencia y rectitud. Todas pueden ser vistas como cualidades de la atención plena, configurando la actitud con la que el objeto será reconocido por la conciencia cuando sea objeto de atención plena, más que meramente un objeto de la atención. Todos estos 19 factores universales saludables aparecerán y desaparecerán como grupo, no solo cuando se practica interiorizadamente la meditación formalmente sino en cualquier momento en que uno tenga un pensamiento saludable, obre una acción saludable, o enuncie una palabra saludable. De ese modo, la atención plena es un estado mental ordinario que puede aparecer frecuentemente, aunque la meditación con atención plena involucre su cultivo deliberado en un serie continua de instantes mentales.

  1. Los ocasionales saludables.

El último conjunto de factores a considerar son aquéllos que  se construyen sobre los factores saludables universales. Hay seis que solo pueden surgir si los anteriores 19 están presentes pero pueden aparecer o no conjuntamente o unos con otros. Tres de éstos son elementos del óctuple sendero, llamados palabra correcta, acción correcta y modo de vida correcto. Es algo difícil sintetizar cómo actúan como factores mentales, puesto que parecen describir patrones de comportamiento más que estados psicológicos, pero son descritos como presentes en la mente en todo momento en que uno deliberadamente se abstiene de comportarse mal de una de esas tres formas. Los dos siguientes son compasión y alegría apreciativa, dos de los cuatro brahma-vihāras o estados ilimitados de la mente (los otros dos son el amor compasivo y la ecuanimidad, los dos de la lista de universales saludables) Esto significa que uno puede estar simplemente presente [plenamente atento], un estado que incluye una actitud benevolente y apacible hacia un objeto, o uno puede estar presente con compasión o incluso alegría apreciativa, lo que le añade algo a la atención plena. La compasión le añade una respuesta empática al sufrimiento, mientras que la alegría apreciativa le añade una respuesta empática a la buena suerte o la felicidad. Y finalmente, uno puede además añadir sabiduría como uno de los factores saludables ocasionales. Sabiduría en el pensamiento budista es una cualidad del entendimiento de la naturaleza de la experiencia, de ver claramente la impermanencia, interdependencia, e impersonalidad de todo, así como ver el origen y el fin del sufrimiento según se manifiesta momento a momento en la experiencia. Solo cuando el factor sabiduría aparece surge realmente la introspección meditativa, porque mientras que la atención plena puede considerar un objeto con objetividad equilibrada, su comprensión es lo que resulta definitivamente  transformador. Como se dice en forma de metáfora, lo mismo que un segador agarra un puñado de cebada con una mano y lo siega con la otra, así uno abarca la mente con la atención y la libera de sus impurezas con la sabiduría.[3]


(continúa)

(*) Andrew Olendzki, académico budista, profesor y escritor

Este artículo fue publicado originalmente en Contemporary Buddhism, Vol. 12, No. 1, Mayo 2011.

Traducción al castellano de Hugo Villar, revisada por Dokushó Villalba.

REFERENCIAS

BODHI, BHIKKHU. 1993. A comprehensive manual of Abhidhamma. Pariyatti. Seattle.
DUNNE, J. 2011. Toward an understanding of non-dual mindfulness. Contemporary Buddhism 12: 71-88.
OLENDZKI, A. 2010. Unlimiting mind: The radically experiential psychology of Buddhism. Bston, MA: Wisdom.
PRUDEN, L. 1991. Abhidharmakośabhāsyam. Traducción al inglés de Louis de la Vallée Pussin. Berkeley, CA: Asian Humanities Press.






[1] Samyutta Nikāya 35:93
[2] Bodhi (1993) En lo que sigue, la tentación de enumerar cada uno de los términos técnicos junto con su correspondientes en pali y sánscrito es sustituido por solamente el inglés. Ver Bodhi (1993) para el Pali y Pruden (1991) para el Sánscrito. Ver también Olendzki (2010, 163 y ss.)
[3] Milindapañho 2:1,8